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El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.93

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Página 93 de 205


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-¡Qué! ¿Heat? Un asno, ¿eh?- exclamó el gran hombre, con clara animosidad.
-De ningún modo. Le ruego, Sir Ethelred, que no malinterprete mis observaciones.
-Entonces ¿qué? ¿Listo a medias?
-No... al menos no por regla general. Todas las bases para mis conjeturas las proporcionó él. Lo único que descubrí por mí mismo es que estuvo utilizando a ese hombre en forma privada. ¿Quién podría acusarlo por eso? Es un policía de la vieja escuela. Virtualmente me dijo que tiene que tener herramientas para poder trabajar. A mí se me ocurre que esta herramienta debe estar al servicio de la división de crímenes especiales en su conjunto, en lugar de seguir siendo propie­dad privada del jefe Inspector Heat. He entendido mi concepto de nuestros deberes departamentales a la supresión del agente secreto. Pero el Jefe Inspector Heat tiene un criterio anticuado. Me acusaría de pervertir la moral y de atacar la eficiencia de nuestra división. Amar­gamente definiría ese acto como protector del grupo criminal de los revolucionarios.
-Sí, ¿Pero usted qué quiere?
-Quiero decir, en primer térmico, que es una flaca conveniencia el estar en condiciones de declarar que cualquier acto violento, daño a la propiedad o destrucción de vidas humanas no es trabajo del anarquis­mo; sino de algo completamente distinto, algún tipo de bandidaje auto­rizado. Y, me imagino yo, esto es mucho más frecuente de lo que su­ponemos. En segundo lugar, es obvio que la existencia de esas perso­nas a sueldo de gobiernos extranjeros destruye hasta cierto punto la eficiencia de nuestra vigilancia. Un espía de ese tipo está en condicio­nes de ser más temerario que el más temerario de los conspiradores. Su tarea está libre de cualquier limitación; no tiene toda la fe que se nece­sita para el nihilismo absoluto, ni el respeto por la ley que implica la desobediencia a ella. En tercer lugar, la existencia de esos espías entre los grupos revolucionarios, que se nos reprocha estar amparando, tiene que cesar por completo. Usted escuchó una afirmación tranquilizadora del Inspector Heat, hace un tiempo. No eran palabras sin base... sin embargo, tenemos ahora este episodio. Lo llamo episodio, porque este asunto, me arriesgo a asegurarlo, es episódico; no integra ningún plan general, por descabellado que fuese. Las mismas peculiaridades que sorprenden y dejan perplejo al jefe Inspector Heat son, a mis ojos, las que determinan sus características. Estoy dejando de lado los detalles, Sir Ethelred.
El personaje parado frente a la chimenea había prestado profunda atención.
-Eso es. Sea lo más conciso posible.
El Subjefe indicó con gesto formal y deferente que estaba ansioso por ser conciso.
-Hay una especial idiotez y debilidad en la ejecución de este asunto, que me da excelentes esperanzas de llegar hasta el fondo y encontrar allí algo más que un capricho individual y fanático.


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