Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.86

Indice General | Volver

Página 86 de 205


Tal vez no lo averigüemos nunca. Pero está claro que hay una conexión entre ambos, y la pode­mos descubrir sin mucho trabajo.
Heat tenía una expresión de grave y despótica indiferencia, en un tiempo familiar y muy temida por los más escogidos criminales. A pesar de ser lo que suele incluirse en la categoría de hombre, el Ins­pector no era un animal sonriente. Pero su estado interior era de satis­facción ante la actitud de receptividad pasiva del Subjefe, que murmu­ró con gentileza:
-¿Y usted piensa que esta investigación debe orientarse por ese camino?
-Sí, señor.
-¿Está convencido?
-Sí, señor. Ése es el camino seguro que debemos tomar.
El Subjefe de Policía quitó el apoyo de su mano a la cabeza recli­nada con una brusquedad que, tomando en cuenta su lánguida pose, entrañaba una amenaza de colapso para toda su persona. Pero, en cam-bio, se mantuvo sentado, alerta, detrás del enorme escritorio sobre el que cayó la mano, resonando en un fuerte golpe.
-Lo que quiero saber es qué cosas ha maquinado su cabeza hasta ahora.
-Lo que ha maquinado mi cabeza- repitió con gran lentitud el jefe Inspector.
-Sí. Hasta el momento de ser llamado a esta oficina... ya sabe.
El Inspector sintió que el aire entre sus ropas y su piel se había vuelto desagradable y caliente. Era la sensación de una experiencia sin precedentes e increíble.
-Por supuesto dijo- exagerando lo más posible el tono deliberado de su declaración- si hay un motivo, que desconozco, para dejar en paz al convicto Michaelis, tal vez esté bien que no haya enviado a la poli­cía del condado en su busca.
Le tomó tanto tiempo decir estas palabras, que la atención inmu­table del Subjefe adquirió el valor de una magnífica hazaña de persis­tencia. La respuesta llegó sin demora.
-Ningún motivo, que yo sepa. Vamos, Inspector, está fuera de lu­gar que usted use esos artilugios conmigo; fuera de lugar. Y también es injusto, bien lo sabe. No me va a dejar así, desenredando estas cosas por mí mismo. Realmente estoy sorprendido-. Hizo una pausa y agre­gó, con blandura-. No necesito decirle que esta conversación es por completo extraoficial.
Esas palabras estuvieron muy lejos de apaciguar al jefe Inspector. La indignación del equilibrista traicionado se hacía fuerte en su inte­rior. En su orgullo de servidor de confianza, estaba seguro que la cuer­da no era sacudida para que él se rompiera la cabeza, sino como una exhibición descarada. ¡Como si alguien tuviera miedo! Los Subjefes vienen y van, pero un jefe Inspector valioso no es un fenómeno efíme­ro de oficina. No tenía miedo de romperse la cabeza. Que le estropea­ran su labor era más que suficiente para explicar el ardor de una indig­nación honesta.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados