El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.61
Indice General
|
Volver
Página 61 de 205
Ésa no era la única circunstancia cuyo recuerdo alteraba la habitual serenidad del eminente especialista. Había otra, y databa apenas de esa misma mañana. Era una humillación bien definida el pensamiento de que cuando fue llamado de urgencia a la oficina privada del Subjefe de Policía se sintió incapaz de disimular su asombro. Su instinto de hombre de éxito le había enseñado, mucho tiempo atrás, que una reputación se construye sobre los modales tanto como sobre los hechos meritorios. Y sentía que su reacción frente al telegrama no había sido de buen tono. Se le salieron los ojos de las órbitas y exclamó «¡imposible!», exponiéndose así a la irrefutable respuesta de un dedo que se apoyaba enérgico sobre el telegrama depositado en el escritorio, previa lectura en voz alta de su texto por parte del Subjefe de Policía. Ser aplastado, como él lo había sido, por la punta de un índice, era una experiencia desagradable. ¡Muy perjudicial también! Además, el jefe Inspector Heat era consciente de que no tenía elementos de refuerzo que le permitieran expresar una convicción.
-Una cosa puedo decirle ya mismo: ninguno del grupo que conocemos tuvo que ver con esto.
En su integridad de buen detective era fuerte, pero ahora comprendía que una reserva cortés e impenetrable hubiera sido más útil para su reputación. Por otra parte, se admitía a sí mismo que era difícil preservar la reputación de uno cuando grupos de intrusos estaban por poner mano en el asunto. Los intrusos son la ruina de la policía y de cualquier profesional. El tono de la advertencia del Subjefe de Policía había sido tan ácido como para provocar dentera.
Y desde el desayuno el jefe Inspector Heat no había podido tragar nada comestible.
Al iniciar de inmediato sus investigaciones en el lugar del hecho, se había tragado una buena porción de fría y malsana neblina en el parque. Luego había caminado hasta el hospital; y cuando la investigación en Greenwich terminó por fin, ya había perdido su interés por la comida. No acostumbrado, como los médicos, a examinar de cerca los restos mutilados de una persona, se sintió impactado por el espectáculo que se le ofreció después que una tela impermeable fue corrida en una mesa de cierto departamento del hospital.
Otra tela impermeable había sido extendida sobre esa mesa, a la manera de un mantel, con las puntas dobladas hacia arriba haciendo algo así como una pila: un montón de jirones quemados y sangrientos, ocultando a medias lo que podía haber sido una acumulación macabra para una fiesta caníbal. Exigía considerable fortaleza de ánimo mantenerse firme ante semejante espectáculo. El Jefe Inspector Heat, un eficiente oficial de su Departamento, se mantuvo quieto pero durante un minuto entero no avanzó.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-205
|