El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.52
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-¿Cómo me podría explicar? Uno tiene que usar las palabras corrientes- dijo Ossipon con impaciencia-. Lo concreto es que este asunto puede incidir muy negativamente en nuestra posición en este país. ¿Eso no le parece bastante criminal? Estoy convencido de que usted debe haber estado desparramando algo de su materia prima en estos días.
Ossipon lo encaró con dureza. El otro, sin claudicar, subió y bajó su cabeza con lentitud.
-¡Lo ha hecho!- estalló el editor de los panfletos F. P. en un intenso susurro-. ¡No! ¿Y de veras anduvo repartiendo por todos lados, a cualquiera, al primer tonto que se le apareciera?
-¡Justamente! El maldito orden social no se edificó con papel y tinta y yo no fabulo que una combinación de papel v tinta pueda alguna vez ponerle fin, sea lo que sea lo que usted pueda pensar. Sí, yo quisiera repartir mi material a manos llenas a cada hombre, mujer o loco que ande por ahí. Ya sé lo que está pensando. No acepto directivas del Comité Rojo. A ustedes me gustaría verlos con los perros atrás o arrestados... o degollados por esto... y no se me movería un pelo. Lo que nos pase a nosotros como individuos no traerá ni la más mínima consecuencia.
Habló con negligencia, sin enardecerse, casi sin sentimiento, y Ossipon, muy afectado en el fondo, trató de copiar ese despego.
-Si la policía de aquí aprendió bien su función, van a llenarlo de agujeros o bien tratarán de eliminarlo por la espalda, a plena luz del día.
Pareció que el hombrecito ya había considerado esa posibilidad en su desapasionado, suficiente estilo.
-Sí- asintió con la mayor buena voluntad-. Pero para eso tendrían que hacer frente a sus propias instituciones. ¿Se da cuenta? Eso requiere un valor poco común. Un valor muy especial.
Ossipon parpadeó.
-Me imagino que eso es exactamente lo que le hubiera pasado si usted hubiese establecido su laboratorio en Estados Unidos. Allá no se andan con vueltas con las instituciones.
-No estoy dispuesto a ir y ver. Por otro lado su observación es exacta- admitió el otro. Allá tienen más carácter y su específica esencia es anarquista. Campo fértil para nosotros los Estados Unidos... muy fértil. La gran república tiene en sí el germen de la destrucción. El temperamento colectivo es antilegalista. Excelente. Nos pueden limpiar, pero...
-Usted es demasiado trascendental para mí- gruñó Ossipon con malhumorada ansiedad.
-Lógico- protestó el otro-. Hay muchos tipos de lógica. Ésta es la esclarecida. América está en lo justo. Este país es el peligroso, con su condición idealista de la legalidad. El espíritu social de este pueblo está impregnado de escrúpulos prejuiciosos y eso es fatal para nuestro trabajo.
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