El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.51
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Pero yo no juego; yo trabajo catorce horas por día y a veces paso hambre. Mis experimentos cuestan plata, y entonces me quedo sin comida por uno o dos días. Usted está mirando mi cerveza. Sí. Ya me tomé dos vasos y tengo otro aquí. Estoy celebrando una reducida fiesta y la celebro solo. ¿Por qué no? Tengo la entereza de trabajar solo, bien solo, totalmente solo. He trabajado solo durante años.
La cara de Ossipon se había puesto roja como un tomate.
-En el detonador perfecto, ¿eh?- se burló muy bajito.
-Sí- replicó el otro. Es una buena definición. No se podría encontrar nada que fuese ni la mitad de preciso para definir la naturaleza de la actividad de ustedes, con todos sus comités y delegaciones. Soy yo el verdadero propagandista.
-No vamos a discutir ese punto- dijo Ossipon con el aire del que se eleva por encima de toda consideración personal, me temo que voy a estropearle su fiesta privada, sin embargo. Volaron a un hombre en Greenwich Park esta mañana.
-¿Cómo se enteró?
-Han estado voceando las noticias en las esquinas desde las dos de la tarde. Compré un diario y corrí hacia acá. Entonces lo vi a usted sentado a esta mesa. Debo tenerlo aún en el bolsillo. Desenfundó el diario. Era una hoja grande, rosada, como si estuviera engreída por el entusiasmo de sus propias convicciones, que eran optimistas. Revisó las páginas con rapidez.
-¡Ah! Aquí está. Bomba en Greenwich Park. Nada hasta aquí. Once y media de la mañana. Mucha niebla. Los efectos de la explosión se sintieron hasta la calle Romney y Park Place. Enorme agujero en la tierra, bajo un árbol, lleno de raíces trituradas y ramas rotas. Alrededor, trozos del cuerpo de un hombre que voló en pedazos. Esto es todo. El resto son puros chismes del diario. Sin duda un inicuo intento de volar el Observatorio, dicen. Hum. Es difícil de creer.
Miró el diario por un rato más, en silencio; luego lo pasó al otro que, después de fijar la vista con aire abstraído en el impreso lo dejó en la mesa sin comentarios.
Ossipon fue el primero en hablar aún lleno de resentimiento.
-Los pedazos de un hombre solo, ve usted. Ergo: se voló a sí mismo. Esto le estropea el día ¿no? ¿Se esperaba este tipo de lance? Yo no tenía ni la menor idea, ni siquiera la sombra de una sospecha de que algo de este tipo se estuviera planeando aquí, en Inglaterra. En esta coyuntura es un hecho criminal.
El hombrecito levantó sus delgadas cejas negras con desprecio desapasionado.
-¡Criminal! ¿Qué es eso? ¿Qué es el crimen? ¿Cuál puede ser el sentido de semejante aseveración?
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