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El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.49

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-No remediaría nada con volverse loco. Por supuesto aquí está el punto débil de ese sistema especial, que es de mi uso particular. Lo malo es que el modo de explotar es siempre nuestro punto débil. Estoy tratando de inventar un detonador que se ajuste por sí mismo a todas las condiciones de acción e incluso a cambios inesperados en las con­diciones. Un mecanismo variable pero preciso y perfecto. Un detona­dor realmente inteligente.
-Veinte segundos- murmuró otra vez Ossipon-. ¡Uf! Y después...
Un ligero giro de la cabeza y los resplandecientes anteojos pare­cieron medir la superficie de la cervecería, en el sótano del renombrado restaurante Silenus.
-Nadie tendría esperanza de salvarse aquí- fue el veredicto de la inspección-. Ni siquiera esa pareja que ahora sube las escaleras.
El piano, al pie de la escalera, hacía retumbar una mazurca con descocado ímpetu, como si un fantasma vulgar y desfachatado estuvie­ra ejecutándola. Las teclas bajaban y subían misteriosamente. Luego hubo un silencio. Por un momento Ossipon imaginó el salón lleno de luces convertido en un espeluznante agujero negro, vomitando espan­tosas humaredas, tapado de horribles escombros de mampostería y cadáveres mutilados. Tuvo una sensación tan clara de ruina y muerte que se estremeció otra vez. El otro observó, calmo y suficiente:
-En última instancia sólo el carácter constituye la seguridad de una persona. Hay pocas personas en el mundo cuyo carácter sea tan firme como el mío.
-Estoy maravillado de ver cómo maneja usted el asunto- gruñó Ossipon.
-Fuerza de personalidad- dijo el otro, sin elevar la voz; prove­niente de un organismo a todas luces miserable, el aserto hizo que el robusto Ossipon se mordiera el labio inferior- fuerza de personalidad­repitió con ostentosa calma-. Tengo los medios para convertirme a mí mismo en un elemento mortífero, pero esto, en sí, usted comprende, no significa nada en cuanto a protección. Lo efectivo es que esa gente cree que yo soy capaz de usar esos medios. Ése es su miedo. Su miedo absoluto. A partir de ahí soy mortífero.
-Entre ellos también hay individuos de carácter- murmuró omino­so Ossipon.
-Es posible. Pero se trata de una cuestión relativa, es evidente, ya que, por ejemplo, a mí ellos no me impresionan. Por lo tanto son infe­riores. Y no pueden ser distintos. Su carácter se asienta en una morali­dad convencional. Se recuesta en el orden social. El mío está libre de todo lo artificioso. Ellos están atados a todo tipo de convencionalis­mos; su referente es la vida, que en este plano es un hecho histórico rodeado por todo tipo de limitaciones y miramientos, un hecho com­plejo, organizado y preparado para que se lo ataque en todos sus pun­tos.


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