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El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.23

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Página 23 de 205


Ese hombre estaba predestinado a ser víctima del primer pícaro embaucador que anduviera por allí, pensó Mr. Vladimir, mientras diri­gía una vaga sonrisa a Verloc.
-¡Usted debe venerar la memoria del Barón Stott-Wartenheim!-exclamó de pronto. El rostro abatido de Mr. Verloc expresó una pena sombría y fatigada.
-Permítame observarle que vine citado por una carta perentoria. Sólo dos veces he estado aquí en los últimos once años, y por cierto que jamás a las once de la mañana. No es demasiado sensato llamarme de este modo. Existe la posibilidad de que me vean, y eso no sería juguete para mí.
Mr. Vladimir se encogió de hombros.
-Eso implicaría destruir mi capacidad de acción- continuó el otro con ardor.
-Éste es su problema- murmuró Mr. Vladimir con suave brutali­dad. Cuando deje de ser útil dejará de estar empleado. Sí. De inmedia­to. Terminado. Afuera... Mr. Vladimir, ceñudo, hizo una pausa, bus­cando un giro de expresividad suficiente; de inmediato se le despejó la cara en una sonrisa de espléndidos dientes blancos-. Lo van a volar­escupió feroz.
Una vez más Mr. Verloc tuvo que sobreponerse con toda la fuerza de su voluntad a esa sensación de debilitamiento, que alguna vez reco­rrió las piernas del pobre diablo inventor del dicho feliz «se me fue el alma a los pies». Mr. Verloc, consciente de esa sensación, levantó la Cabeza con bravura.
Mr. Vladimir sostuvo la profunda mirada inquisitiva con sereni­dad perfecta.
-Lo que queremos es administrar un tónico a la Conferencia de Milán- dijo con gracia-. Esas deliberaciones acerca de la acción inter­nacional para la supresión del crimen político no parecen ir a ningún lado. Inglaterra remolonea. Este país, con su consideración sentimental por las libertades individuales, resulta absurdo. Es intolerable pensar que todos sus amigos, con sólo pasarse a...
-En ese aspecto los tengo a todos bajo mi vigilancia interrumpió la voz ronca de Mr. Verloc.
-Habría mucho más que hacer en cuanto a tenerlos bajo llave. In­glaterra debe ser puesta en línea. La imbécil burguesía de este país se ha convertido en cómplice del propio pueblo, y su único objetivo es sacarlo de sus casas y llevarlo a morir de hambre en las trincheras. Y ellos aún tienen el poder político, aunque sólo tuvieron criterio para utilizarlo en su preservación. ¿Supongo que usted estará de acuerdo en que la clase media es estúpida?
Mr. Verloc, con voz ronca, estuvo de acuerdo.
-Lo es.
-No tiene imaginación. Está cegada por una vanidad idiota. Lo que necesita ahora es un lindo susto. Éste es el momento psicológico para poner a trabajar a sus amigos. Lo llamé aquí para explicarle mi idea.
Y Mr.


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