Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.19

Indice General | Volver

Página 19 de 205


Me encargaron varias misiones en Londres mientras Su Excelencia el Barón Stott-Wartenheim era aun embajador en París. Luego, de acuerdo con las instrucciones de Su Excelencia, me establecí en Londres. Soy inglés.
-¡Inglés! ¿Usted es inglés, eh?
-Ciudadano inglés de nacimiento- dijo Mr. Verloc tontamente­pero mi padre era francés, así que...
-No pierda tiempo en explicaciones- interrumpió el otro-. No me cabe duda de que usted podría ser legalmente mariscal de Francia y miembro del Parlamento en Inglaterra; seguro que así tendría alguna utilidad en nuestra Embajada.
Semejante vuelo de la fantasía provocó algo parecido a una son­risa abatida en la cara de Mr. Verloc. Mr. Vladimir conservaba su gravedad imperturbable.
-Pero, como ya le dije, usted es un tipo haragán; no sabe usar sus oportunidades. En la época del Barón Stott-Wartenheim tuvimos un montón de tontos rodando por esta Embajada. Eso llevó a que indivi­duos de su especie se hicieran una falsa idea acerca del dinero destina­do al servicio secreto. Mi deber es corregir ese malentendido dicién­dole qué cosa no es el servicio. No se trata de una institución filantró­pica. Lo hice llamar aquí para decirle precisamente esto.
Mr. Vladimir observaba la forzada expresión de aturdimiento en la cara de Mr. Verloc y sonreía con sarcasmo.
-Veo que me entiende a la perfección. Estoy seguro de que usted tiene la inteligencia suficiente para su trabajo. Lo que queremos ahora es actividad, actividad.
Mientras repetía esa última palabra, Mr. Vladimir apoyó un índi­ce largo y blanco sobre el borde del escritorio. Todo rastro de ronquera desapareció de la voz de Verloc. Por encima del cuello de terciopelo de su saco la nuca había enrojecido. Antes de abrirse, los labios le tembla­ron.
-Si usted fuera tan gentil de echar tan sólo una mirada a su foja de servicios- resonó su fuerte, claro, profundo tono oratorio- vería que hace nada más que tres meses atrás hice una advertencia en ocasión de la visita a París del Gran Duque Romualdo, telegrafiando desde aquí a la policía francesa, y...
-¡Basta, basta!- cortó Mr. Vladimir con un gesto torvo-. La poli­cía francesa no hizo caso de su advertencia. No ruja de ese modo. ¿Qué demonios quiere decir?
Con una nota de orgullosa humildad, Mr. Verloc hizo la apología de su abnegación. Su voz, famosa durante años en las reuniones calle­jeras y en las asambleas obreras realizadas en grandes salones, había contribuido, dijo, a forjarle una reputación de camarada recto y confia­ble. Ésa fue una manifestación de su utilidad, ya que había inspirado confianza en sus principios personales.
-En el momento crítico, los líderes me mandaban a hablar en pú­blico- declaró Mr. Verloc, con evidente satisfacción.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados