San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.165
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En la fonda de doña Teresa tienen la radio en el comedor, los huéspedes oyen las noticias pero no comentan, el único que habla es don Roque, ¿quieren decirme por qué cogen ustedes miedo antes de tiempo?, nadie le responde y todos fingen no darse por aludidos, alguno sonríe pero sin entusiasmo, sonríe por compromiso, don Lucio Saavedra es funcionario del catastro en situación de jubilado, es viudo y su único hijo está en el Paraguay de misionero, don Lucio se siente muy solo y agradece que le hagan un poco de caso, va siempre muy pulcramente vestido y habla con fundamento y moderación, don Lucio come poco, molesta menos y paga con toda puntualidad y por adelantado, si me muero a primeros de mes eso sale usted ganando, le dice a doña Teresa, ¡ni piense usted en eso don Lucio, no gaste usted bromas con eso!, ¡está usted aún muy fuerte para pensar en esas cosas!, don Lucio tiene unas pequeñas rentas del pueblo, poco es pero mira menos da una piedra, don Lucio tiene hecho testamento a favor de doña Teresa pero no le ha dicho nada, prefiere que se lleve la sorpresa, a don Lucio le preparan comida especial, media loncha de jamón de York y un vaso de leche con galletas al mediodía y un huevo pasado por agua y otro vaso de leche pero sin galletas por la noche, a don Lucio le va bien comer de régimen, don Lucio se sienta solo en la mesita del balcón y de cuando en cuando mira para la calle, don Hilario come con don Avelino Folgueras viajante de comercio, don Hilario intenta venderle a don Avelino un motor de gas pobre de cincuenta caballos, pincha en hueso porque don Avelino es del oficio y se las sabe todas, don Avelino se lleva la servilleta a la boca cuando regüelda, es un detalle cor-recto que don Hilario es el primero en reconocer, Emilio Arroyo lleva diez años preparándose para el ingreso en la escuela de caminos, su compañero Virgilio Ricote es un neófito, no lleva más de seis, los dos opositores no disponen jamás de una puta perra y tienen que hacer mil enjuagues para fumar o para beberse una cerveza o tomar café, los padres le mandan a doña Teresa el importe de la pensión por giro postal para evitar sisas y filtraciones, aún quedan dos huéspedes más, don Demetrio Hoyo Marín y su señora doña Vicenta Mateos que están de paso en la capital, don Demetrio es odontólogo en La Unión, provincia de Murcia, vinieron a Madrid a la toma de hábito de una hermana de doña Vicenta que se ha ido monja, la hermana de doña Vicenta se llama Herminia y es toda una santa, los seis meses del postulantado los llevó con verdadera alegría, doña Teresa y don Roque comen juntos, al llegar al plátano o al dulce de membrillo don Roque hace una seña a la Paulina y ésta trae una botella de sidra para cada mesa, don Roque se levanta y adopta un ademán tribunicio, Teresa y yo tenemos algo que comunicarles.
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