San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.150
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El teniente Orad de la Torre consigue sacar a la calle dos schneider del 7.5 remolcados por un camión de cerveza, los emplaza frente al cuartel de la Montaña, el entusiasmo de la multitud crece con la presencia de los cañones, el general Fanjul no acaba de decidirse a intentar la salida pero también sabe que en el cuartel no puede quedarse, el cuartel no es un baluarte y tiene mala defensa, además el cuartel no es la plaza, desde dentro del cuartel no se puede mandar la plaza mientras no se ocupe por las fuerzas, ¿se sabe algo de Campamento?, no mi general, ¿y del general García de la Herrán?, tam-poco mi general, bueno sí, lo que ya sabemos, el general Fanjul tiene que esperar a las cuatro de la mañana, no respondan al fuego de hostigamiento, mantengan las ventanas herméticamente cerradas, ni una sola luz al exterior, vigilen la moral de la tropa, refuercen las guardias, permanezcan alerta y listos para cumplir las órdenes, sí mi general, el coronel Serra va de un lado para otro disponiendo los efectivos, que nadie dé un solo paso hasta que lo ordene el general, sí mí coronel, hay que obedecer con absoluta disciplina, sí mi coronel, don Moisés Serra es el brazo derecho de don Joaquín Fanjul, a tus órdenes mi general, sin novedad en el cuartel, está todo a punto para cumplir tus órdenes, gracias Serra, quizá debiéramos intentar la salida por sorpresa sin esperar a los de Campamento, el general se queda mirando para el coronel, sería una imprudencia, tú mandas, el enemigo ha emplazado ametralladoras en las azoteas, de poco han de valerles si llega García de la Herrán, sí, eso sí, ¿hay noticias de los otros regimientos?, no mi general, ¿y de la guardia civil?, tampoco, el peligro puede acecharnos por la guardia de asalto y la aviación, los paisanos no son peligrosos, muchos están armados mi general, aún así, los paisanos arrojarán las armas al primer embate, el peligro está donde yo te digo ya lo verás, el general instala su puesto de mando en el despacho del coronel, el general Fanjul y el coronel Serra cenan un par de tomates con un poco de pan, también beben un vasito de vino cada uno, échate un rato mi general, yo me quedo de guardia, no, no estoy cansado, los dos nos quedaremos de guardia, dentro de pocas horas vamos a jugarnos la suerte del cuartel, y la nuestra, sí, también la nuestra y la de todos, el coronel Serra lía un pitillo mientras las ametralladoras tabletean sin demasiado entusiasmo, ¡qué larga se nos va a hacer esta noche!, sí, no lo pienses, es mejor no pensarlo, ¡que Dios nos ayude!, desde algunos tejados se hace fuego sobre la calle, a un tiro suelen responder cien tiros, verdaderas descargas de fusilería, ¡cierren los balcones!, los milicianos piden la documentación a quienes van de corbata, a la salida de los cines la gente se apresura a meterse en el metro, yo te hago una taza de chocolate en casa les dicen las mujeres a sus maridos, al comandante Hidalgo de Cisneros le dan un susto cuatro anarquistas que detienen su automóvil y quieren llevárselo preso, el comandante va con el uniforme impecable y gasta bigote de señorito, parece un fascista, la consigna es ¡venceremos al fascismo!, como se da en voz alta y cientos y cientos de veces todo el mundo la sabe, algunos grupitos de frailes, aquí dos o tres frailes, allá cuatro o cinco, más allá uno solo apoyado en un bastón, cruzan arrimados a las casas mirando para el suelo, casi todos van de paisano y muchos son detenidos y apaleados, si los curas y frailes supieran la paliza que les van a dar.
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