San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.116
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Don Máximo no las tiene todas consigo pero se da ánimos hablando de la sancamilada, esto va a acabar en sancamilada ya lo verán ustedes, ¿usted cree?, ¡vaya si lo creo!, la historia conocerá esta revuelta con el nombre de la sancamilada y no le dará más importancia que la poca que tiene, lo que pasa es que estamos demasiado cerca y carecemos de perspectiva, don Diego está preocupado, es lógico, don Diego tiene mucha responsabilidad y Casares está tambaleándose, pero la preocupación es cosa diferente del miedo, la preocupación es patriótica y constructiva, cuando la historia no toma en serio un suceso lo bautiza con un nombre terminado en ada, carlistada, sargentada, vicalvarada, lo de la francesada fue más peligroso y ya lo ven ustedes, acabó con la victoria del pueblo español sobre las huestes imperiales, cuando el suceso además de mínimo e inconsistente tiene un aire chusco y valleinclanesco, entonces se le cuelga la terminación ada al santo del día, la sanjuanada por ejemplo, esto de la sancamilada va a acabar con los mismos enemigos de la república que la provocaron, la sancamilada carece de sentido y no tiene viabilidad posible, las noticias que se reciben de toda España son unánimes, las fuerzas de la reacción están siendo batidas en toda la línea y con sus propias armas, ahora lo que hace falta es que el pueblo demuestre disciplina y deje de pedir armas, ¿para qué las quiere?, las fuerzas leales se bastan y se sobran para dar a los sediciosos su merecido, don Máximo pide otro vermú para demostrar que está sereno y confiado, y unas aceitunitas rellenas de anchoa, por favor, don Máximo tras su dieta del viernes se siente seguro y poderoso, la sancamilada servirá para que la república se asiente sobre principios realmente democráticos, ya lo verán ustedes. A las cuatro y media llegan los funerarios que han de llevarse a doña Matilde al cementerio, los curas se visten en el portal porque la calle está poco propicia, algunas señoras cuando se les suelta una liga también se meten en un portal, es más discreto, don León y Dámaso están muy afectados, doña Matilde era pelma pero buena, fueron muchos años de matrimonio, no se puede decir que se interrumpiera de repente porque doña Matilde llevaba ya más de diez años enferma y paralítica, aun así, la muerte aunque se vea venir de lejos siempre produce estupor en las familias, al menos estupor, le acompañamos en el sentimiento, muchas gracias, don León les da un duro a los funerarios, tomen para que se beban ustedes un vaso, a su salud muchas gracias, por la calle la gente no se mete con los curas que van detrás del entierro rezando sus oraciones, algunas señoras se santiguan y los hombres se llevan la mano al sombrero o a la gorra más por costumbre que por respeto, es más fácil dejarse llevar por la costumbre que ser respetuoso, sí eso pienso yo también, la costumbre es como una inercia, algo que marcha solo, en cambio para el respeto hay que distinguir, lo que pasa es que el respeto con frecuencia no es más que costumbre, hace mucho calor y por el camino del cementerio, entre el arroyo Abroñigal y el cementerio se escucha el canto de las cigarras, por la noche lo que se oye es a las ranas, debe haber cientos de ranas, en las Ventas algunos grupos hablan en voz alta y con mucha excitación, cuando pasa el entierro se callan, unos gitanos sentados en la acera contemplan los acontecimientos como si la calle fuera el escenario de un teatro, se les nota en la cara, en su atención y también en sus distracciones.
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