San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.86
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A Guillermo Zabalegui su tía Mimí le pegó unas ladillas como nécoras, vergüenza debiera darle ser tan distinguida y tan guarra, las ladillas no producen enfermedad pero pican como si la produjeran, pican un horror. Entre los asistentes al entierro de Calvo Sotelo y los guardias de asalto se producen choques y escaramuzas a la altura de las Ventas, antes de la casilla de los consumeros, hubo sangre, más sangre de la necesaria, muertos y heridos, algunos dicen que un muerto y otros que cuatro, la gente cuando está nerviosa mata y muere más de prisa que cuando está serena. No pongas cara de circunstancias ni para mirarte al espejo ni para hacerte una foto de carnet, pon cara natural y no tuerzas la boca corno si te hubiera dado un aire, naturalidad, ante todo naturalidad, igual que en la gimnasia sueca, naturalidad y ritmo, nada de movimientos bruscos, tú mírate al espejo sin hacer muecas, sabes bien que es difícil pero debes sobreponerte. A Magdalena los gusanos todavía no han empezado a tirarle de los músculos de la cara, de los músculos de la frente, de los ojos, de las comisuras de los labios, para reírse con las muecas que nadie ha de ver, ni aun ellos, que son completamente ciegos y están completamente a oscuras, sería curioso hacer una película de la cara de los muertos, minuto a minuto, para estudiar sus muecas inútiles y gratuitas. Tú mírate al espejo con naturalidad y sin hacer muecas ni visajes como los muertos y huye después todo lo de prisa que puedas, no importa que alocadamente y sin rumbo, tú vas huyendo de las salpicaduras de la muerte, de las salpicaduras de sangre, de las salpicaduras de mierda, y poco importa que te estrelles contra la pared, los insectos espantados también se estrellan contra la pared y casi no hacen ruido, caen como sombras veloces, aletean un poco y después se quedan quietos de repente, con vida o sin vida, muertos o simuladores de la muerte, hasta que el viento los barre y se los lleva lejos a donde nadie guarda testimonio de su muerte ni de su simulación, el infierno de los insectos es menos complicado que el de los hombres, es más vacío pero más clemente, el hombre es tan ingenuo y soberbio que cree que no hay más infierno que el suyo, los demás animales desaparecen con la muerte y para ellos no hay valle de Josafat ni resurrección de la carne, ni para ellos ni para los negros enanos, ¿a quién se le ocurre imaginarse el valle de Josafat lleno de negros enanos desconocedores del reglamento?, no, no, hace ya tiempo que la traición se agradece sí, pero no se premia, eso era antes, cuando los hombres todavía Podían arrepentirse cien veces y morir de viejos y en la cama, tú sal huyendo antes de que sea tarde, cada minuto que pierdes es un minuto que das de ventaja al mundo, ese enjambre hostil y venenoso, y el mundo ya bastantes ventajas se toma sin pedir permiso, tú sal huyendo y no pierdas ni un solo instante en poner cara de circunstancias, nadie habrá de sonreírte con misericordia.
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