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San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.60

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, el capitán P, el verdugo E, el pistolero A., o el guardia H. que es obediente y ciego como deben ser los guardias, obedientes y ciegos, la noche, el afán de aventura, el mesianismo, la vergüenza de que se te note el miedo, la disciplina como máscara de las más confusas inclinaciones y el hablar demasiado son los mejores estímulos para el crimen, después cuando el disparo suena y un cuerpo se desploma ya es tarde para el arrepentimiento y la marcha atrás, hay que seguir, ya no queda más remedio que seguir sin volver la cabeza, nadie te permitiría detenerte ni volver la cabeza, nadie, ni tus amigos ni tus enemigos, ni los enemigos del muerto que mataste ni los amigos del muerto que mataste, durante unos segundos piensas matarte, no ves otra salida, después no te matas
o te matas al cabo del tiempo si no te han matado antes tus enemigos (o tus amigos) y no puedes dormir ni olvidar y tienes la boca siempre seca y te quedas ciego o temes quedarte ciego y te sobresalta el aullido de un perro o el paciente roer del gorgojo en las patas de la cama, los asesinos que matan como quien bebe un vaso de agua suelen matarse al cabo del tiempo a lo mejor al final de muy largos años cuando ya nadie cree que pudieran terminar matándose. Todos los nobles que mataron al rey Cirilo de Inglaterra, que murió quemado por dentro, se mataron con sus propias armas diez o quince o veinte años más tarde menos dos que murieron asesinados, uno por los amigos del rey y el otro por sus cóm­plices. Aixa la Mora no conoce la historia de Inglaterra ni sabe dónde está Inglaterra si al Norte o al Sur, le es igual, Aixa la Mora es ignorante como los ángeles y ni siquiera el pecado le da sabiduría. El capitán S., el que había ido a buscar a Gil Robles, es arrestado con algunos guardias H., los de Calvo Sotelo, el capitán P y los suyos, se diluyen entre la multitud, no hay quien los encuentre ni tampoco se sabe dónde están, eso es que no los buscan, a mí que no me digan, eso es que los esconden los mis-mos guardias, sí, puede que tenga usted razón. Poco antes de la media noche Prieto pide a Casares Quiroga que el gobierno arme al pueblo, pero Casares se niega. A la gente se le ha quitado el sueño y nadie entiende nada de nada pero hay dos muertos aún sin enterrar. En las últimas tres
o cuatro semanas ha habido más de setenta asesinatos políticos, esto la gente sí lo sabe pero no acaba de creérselo del todo.


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