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San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.29

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, sí, tú mírate en el espejo pero con naturalidad, con mucha naturalidad, de nada te valdría hacer muecas ante el espejo, disfrazar tu cara de cara de otro de cara de chino de cara de caimán de cara de muerto, hace ya muchos años que la traición no apiada a los jue­ces, los animales de la casa de fieras son como presos mustios y resig­nados, igual que presos enfermos y sin mayores esperanzas, el león tiene una nube en un ojo y calvas en la melena, el camello está lleno de mataduras, tiene aún más mataduras que Magdalena Inmaculada Múgica, parece como si le arrearan palos y pedradas cuando se va la gente, el lobo se pasa el tiempo tumbado en un rincón mirando de reojo, el elefante sale poco de su caseta a lo mejor es que le aburre el espec­táculo, el tigre tiene el espinazo hundido como las mulas viejas, los monos se masturban sin parar van a acabar agotados, la llama tiene el pelo sucio y de color gris amarillento sobre todo por la barriga, los úni­cos animales que parecen estar a gusto aunque también aburridos son las gallinas en sus corralitos y los gatos que se pasean entre las flores y por encima de las tapias y los tejados, los gatos de la casa de fieras son muy meritorios y valerosos y le roban la comida hasta al león en cuanto se distrae un poco, estos gatos no viven en la casa de fieras no van más que de visita, estos gatos bravos y cimarrones viven en comunidad comolos frailes, entre las ruinas de la ermita de San Isidro de Ávila mismo al lado de la verja que da a la calle de O’Donnell y forman una colonia muy numerosa quizá de doscientos o trescientos, en el cuerpo de los gatos vagabundos habita con frecuencia el alma de una mujer muerta a dis­gustos poco a poco y sin dejarle levantar cabeza un día tras otro una noche tras otra sin dejarla ni respirar una hora tras otra un minuto tras otro sonriéndole para que se confíe segundo a segundo y así siempre hasta que explota como un grano igual que un grano y el pus se le sube a la cabeza y muere a lo mejor también sonriendo, las mujeres que van a morir a disgustos tienen muy raras costumbres y se lavan el alma con lejía antes de regalársela a cualquier gato vagabundo, al gato huraño capaz de comerle la comida al oso y al león. Don Vicente Parreño los domingos por la mañana va a misa con su señora a la iglesia del Carmen y después la lleva a darse una vueltecita por el parque del Oeste, el aire que viene de la sierra y del monte del Pardo es bueno para asmáticos, catarrosos, bronquíticos, pleuríticos, tísicos y demás enfermos de las vías respiratorias, la señora de Parreño la pobre no levanta cabeza la ver­dad es que va de mal en peor, don Vicente ya no sabe lo que hacer con ella, la señora de Parreño se llama doña Eduvigis Olmedillo y tiene cari­ta de rata hambrienta con sus ojos hundidos y su bigote, con la señora de Parreño fallaron todas las terapéuticas, le dieron la cura 15 del abate Hamón y siguió sin respirar, tomó hipofosfitos Salud -y hasta granular Vitefosfor que según dicen es más fuerte-y no se le abrieron las ganas de comer ni se le quitaron los dolores de piernas, durante un mes le estu­vieron echando en la sopa dos cucharadas grandes de carne líquida del doctor Valdés García y no ganó ni un solo gramo de peso, el vino de Vial no le tonifica y las pastillas del doctor Andreu no le quitan la tos, a lo mejor llevándola al balneario de Panticosa se arreglaba un poco pero ni aun así lo más probable es que la doña Eduvigis sea un caso perdido y además los balnearios cuestan un ojo de la cara, ¡quién va a pensar en eso!, don Vicente es pobre, todo el que está sujeto a un sueldo es pobre, y ya hace un verdadero esfuerzo para comprarle las medicinas que, eso sí, jamás le faltan, don Vicente trata a doña Eduvigis con mucho cariño y miramiento y hasta le compra tebeos y juega con ella al parchís para que se distraiga, Vicente, qué, ya te voy a durar poco, ¡no mujer!, ¡tú verás como no!, a doña Eduvigis le corre un temblorcillo por el bigote, Vicente, qué, ¿me juras que cuando me muera no volverás a dar tu amor a ninguna otra mujer?, claro que te lo juro.


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