San Camilo 1936 (Camilo Jose Cela) - pág.21
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Guillermo Zabalegui, escarmentado de entrar a pelo y sacarla pringada, se tomó sus precauciones y desde aquella blenorragia memorable no volvió a ir de golfas sin condón, Zabalegui se compra los condones por docenas en La Ideal, Jardines 23, una tiendecita misteriosa que tiene un dependiente medio sordo y medio marica, más bien marica del todo, que había sido hermano de la Doctrina Cristiana y con el que no es fácil entenderse, ¿el Matiítas?, el mismo, ¿lo conoces?, ¡no voy a conocerlo!, al Matiítas lo tiene empleado mi tío Esteban el ciego para que le lea novelas todas las noches, desde las diez o diez y media hasta las doce y media o una, mi tío Esteban dice que tiene voz de grillo pero no encuentra otro, el Matiítas es obediente y humilde y cuando mi tío Esteban lo insulta y hasta se caga en su madre él baja la vista y guarda silencio mientras le hace cortes de mangas impunes, cortes de mangas que mi tío ni ve, al Matiítas le gusta mucho la novela Por amor y por bondad de M. W Hungerford que viene publicando el Blanco y Negro, la joven se arrodilló delante de su suegra, emocionada y asustada de su propia audacia, y trató de separar las manos de lady Rodney del rostro de la dama, Matiítas cuando termina de leerle a don Esteban su ración de cada noche se va a dar una vuelta por el Botánico a ver cómo las pajilleras satisfacen cabritos transeúntes, ¡la calle es de todos, caballero!, ¡yo no hago daño a nadie sentado en un banco!, ¡no, si el que le va a hacer daño soy yo, de la hostia que voy a endiñarle si no se larga! En Los Caracoles hace dos o tres noches hubo sus más y sus menos entre unos obreros andaluces de la UGT y un grupo de falangistas, los guardias no llegaron antes de que se deslomasen pero sí antes de que se matasen, que ya es algo, las francesas estaban muy emocionadas y contentas asomadas al balcón y aplaudiendo. Don Vicente Parreño y don Lucio Martínez Morales son ambos a dos clientes de la misma hembra, María Inés la Cordobesita que fue modelo de pintores famosos y amante de toreros de tronío y que todavía guarda algún que otro resto de sus antiguas y pujantes grandezas, don Vicente y don Lucio, sábado a sábado, se juegan la prelación a caras o cruces como los futbolistas se juegan el campo y a ver quién saca, la suerte suele favorecer a don Lucio aunque tampoco siempre, cuando le toca esperar a don Lucio se entretiene leyendo el periódico, cuando a quien corresponde tener un poco de paciencia es a don Vicente el periódico se queda donde está sin que nadie lo toque, a don Vicente le gusta más entornar la mirada e imaginarse a la Cordobesita en cueros y en la cama, a veces don Vicente se distrae y piensa en otra cosa, en el asma de su señora que va ya un poco mejor gracias a Dios, en el novio de la nena que acaba de ingresar en correos y que parece que va con buenas intenciones, en el hijo segundo al que hay que matricular en la escuela de comercio, etc.
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