Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > Certificado de residencia (Camilo Jose Cela)

 

Certificado de residencia (Camilo Jose Cela)

Indice General | Volver

Página 1 de 4


CERTIFICADO DE RESIDENCIA

El hombre bajó trabajosamente del automóvil. Entre su pierna derecha escayolada desde el tobillo a la ingle, el embarazo de las muletas y el peso de una cartera de mano colgándole del cuello, no le resultaba fácil moverse. El chofer del taxi, solícito, le ayudó. La compasión es uno de los últimos reductos que les quedan a las buenas formas.
Renqueante, con una impericia que quedaba confirmada por la blancura del yeso recién puesto, el hombre llegó hasta el mostrador de facturación. Sujetando ambas muletas con una sola mano, ayudándose con los dientes y manteniendo un equilibrio precario, logró sacar su billete de la cartera. Se lo extendió a la azafata.
-A Málaga, señorita. No llevo equipaje.
La azafata ni siquiera levantó la mirada de la pantalla de su computadora. Le preguntó, en el tono más automático existente.
-¿Asiento de fumador o de no fumador?
-Me da lo mismo. Preferiría, si pudiera ser, uno de los de la ventanilla de emergencia.
La sonrisa le salió adecuadamente dolorosa.
-Es que llevo la pierna enyesada, ¿sabe?, y en esa fila hay más sitio.
La azafata dejó, por primera vez, su rutina para mirarle bien: las muletas, el pantalón cortado a lo largo de toda la escayola y sujeto luego con unas pulcras cintas, la cara de circunstancias... Su contestación sonó como una riña, como si el pasajero estuviese invocando unos privilegios absurdos.
-Está prohibido. La fila de emergencia debe quedar libre de obstáculos: lo dice el reglamento de vuelo.
-Vaya por Dios... Bueno, deme lo que sea.
La azafata le interrumpió; no había acabado con los aspectos reglamentarios.
-Hay otra cosa. Va a tener que pagar otro billete.
-¿Otro billete? ¿Y por qué?
-Por la pierna. Tendrá que ponerla de costado y necesitará que se deje libre el asiento de al lado.
-Pero, señorita, yo no tengo la culpa de habérmela roto, ¿sabe?
El gesto de severidad de la mujer se acentuó.
-Supongo que no creerá usted que es la compañía la culpable.
-No, claro que no. La culpa la tiene el que hiele por la noche, o el que me invitasen a cenar fuera justamente anteayer, que malditas las ganas que tenía. O Dios omnipresente, si lo prefiere. Pero yo tengo ya bastante castigo viajando en estas condiciones. No me venga con que, encima, hay que pagar el doble.


< Anterior |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 >>>




Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados