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La Gran Moral a Eudemo (Aristóteles) - pág.20

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" Pero evidentemente éste es un error, pues que resulta que lo que se hace según el deseo tampoco es voluntario.
Un sistema del todo semejante se aplica a los actos que se refieren a la cólera, porque los mismos razonamientos que valen respecto del deseo valen igualmente respecto a la cólera, y presentan la misma dificultad, puesto que se puede ser templado e intemperante en punto a la cólera.
La última de las especies que hemos distinguido entre los apetitos es la voluntad, y nos falta indagar si es libre. Los hombres desarreglados y los intemperantes quieren hasta cierto punto los actos culpables a que se precipitan, y puede decirse, por tanto, que tales hombres hacen el mal queriéndolo. Pero se objetará aún: nadie hace voluntariamente el mal sabiendo que es mal; es así que el intemperante, que sabe bien que lo que hace es malo, no obra con voluntad; luego, no es libre, y la voluntad tampoco lo es. Con este precioso razonamiento se suprimen radicalmente el desorden y el hombre desordenado. Si el intemperante no es libre, no es reprensible, pero el intemperante es reprensible; luego, obra voluntariamente; luego, la voluntad es libre. Por lo demás, como en todo esto aparecen razonamientos contradictorios, será bueno explicar con mayor claridad qué es el acto voluntario y libre.
CAPÍTULO XIII
DEFINICIÓN DE LA FUERZA O VIOLENCIA
Expliquemos, ante todo, lo que se entiende por fuerza o violencia y por necesidad. La violencia se encuentra también en los seres inanimados. Así se ve que a cada una de las cosas inanimadas se ha señalado un sitio especial: por ejemplo, el lugar del fuego es lo alto, y el de la tierra lo bajo. Pero, empleando una especie de violencia, puede hacerse que la piedra suba y que el fuego baje. Con mas razón es posible violentar al ser animado: por ejemplo, se puede obligar a un caballo a que se separe de la línea recta por donde corre, haciéndole que cambie la dirección y vuelva por donde vino. Y así, siempre que fuera de los seres existe una causa que los obliga a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad, se dice que estos seres hacen por fuerza lo que hacen. De otra manera, el hombre desarreglado que no se domina reclamará y sostendrá que no es responsable de su vicio, porque pretenderá que si comete la falta es porque se ve forzado a ello por la pasión y el deseo.


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