La Llamada de Cthulhu (Howard Phillips Lovecraft) - pág.31
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¡Una montaña caminaba y se tambaleaba! ¡Dios del cielo! ¡Qué prodigioso que a través de la Tierra, enloquezca un gran arquitecto y delire de fiebre el pobre Wilcox en ese preciso instante telepático! El Ser representado en los ídolos, aquel engendro verde y mucilaginoso llegado de las estrellas había despertado para reclamar lo que era suyo. Las estrellas estaban de nuevo en posición, y lo que un culto milenario había fracasado en conseguir por medio de preparativos, lo había logrado un grupo de despavoridos marinos por mero accidente. ¡Tras millones de millones de años el Gran Cthulhu se alzaba de nuevo, ávido de placeres!
Tres de los hombres fueron apresados por las macilentas garras de la criatura antes de que nadie pudiera siquiera darse la vuelta. Que Dios les conceda el descanso, si es que el descanso existe en el universo. Estos fueron Donovan, Guerrera, y Ångstrom. Los otros tres marinos se lanzaron a una frenética carrera hacia el bote sobre interminables panorámicas de piedra encostrada de musgosidad verde en la que Parker resbaló y, según jura Johansen, fue tragado por uno de los ángulos de la mampostería que no debería estar ahí; un ángulo que era agudo pero que se comportaba como si fuera obtuso. Así, sólo Briden y Johansen consiguieron alcanzar el bote y remar desesperadamente hacia el Alert mientras la descomunal monstruosidad se deslizaba sobre las rocas fangosas, y vacilaba entre tropiezos al llegar al borde de las aguas.
A pesar de no haber quedado nadie a bordo después del desembarco, aún seguía saliendo vapor del Alert, y sólo fueron precisos unos momentos de febriles prisas arriba y abajo, del timón a los motores, para volver a ponerlo en marcha. Lentamente, entre los retorcidos horrores de aquella indescriptible escena, el barco comenzó a remover las mortíferas aguas, al tiempo que en la mampostería de aquella playa calavernaria que no era de este mundo, el titánico Ser procedente de las estrellas lanzaba espumarajos y atroces denuestos cual Polifemo maldiciendo al barco en que huía Odiseo. Fue entonces, más atrevido que el cíclope épico, cuando el Gran Cthulhu se deslizó hacia las aguas dejando un rastro de grasa y comenzó a perseguir el barco huido, levantando auténticas olas con sus brazadas de potencia cósmica. Briden volvió la vista y enloqueció, riendo de manera estridente, tal y como continuaría haciendo a intervalos hasta que la muerte fue a buscarle una noche al camarote, mientras Johansen deambulaba en medio del delirio.
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