La Llamada de Cthulhu (Howard Phillips Lovecraft) - pág.20
Indice General
|
Volver
Página 20 de 33
De ese modo, tras estudiar detenidamente una vez más el manuscrito y correlacionar las notas teosóficas y antropológicas acerca del culto con el relato de Legrasse, viajé hasta la residencia del escultor en Providence para echarle la reprimenda que me parecía apropiada por haber embaucado de manera tan atrevida a un hombre educado y de edad. Wilcox aún vivía en soledad en el Edificio Fleur-de-Lys de Thomas Street, una horrible imitación victoriana de la arquitectura bretona del siglo XVII, que ostentaba una fachada de estuco entre preciosas casas coloniales que ocupaban la antigua colina, a la sombra de la más hermosa torre georgiana de toda América. Lo encontré trabajando en su estudio, y hube de admitir que el genio del escultor era profundo y auténtico nada más ver las obras que allí había repartidas. Creo que, con el tiempo, será recordado como uno de los grandes artistas de lo decadente, porque había ya cristalizado en arcilla, y algún día reflejaría en el mármol pesadillas y fantasías que sólo Arthur Machen evoca en su prosa, y Clark Ashton Smith plasma en su verso y pintura.
Moreno, delicado, y de un descuidado aspecto, se volvió lánguidamente al llamar yo a la puerta, y me preguntó qué quería sin siquiera levantarse. Manifestó cierto interés cuando le dije quién era, pues mi tío había despertado su curiosidad al investigar sus sueños, pero nunca le había explicado la razón del estudio. No amplié su conocimiento acerca del asunto, pero busqué con cierta sutileza la forma de poder sacarle algo. En poco tiempo pude convencerme de su sinceridad, pues hablaba acerca de sus sueños de una forma que a nadie podía engañar. Estos sueños, y los residuos que éstos habían dejado en su subconsciente, habían tenido una profunda influencia en su arte, cosa que confirmó al mostrarme una morbosa estatua cuyo contorno casi me hizo estremecer con la potencia de Su siniestro poder evocativo. Wilcox no pudo recordar haber visto el original de esa figura, salvo en su propio bajorrelieve, pero el perfil lo habían moldeado inconscientemente sus propias manos. Se trataba sin duda de la gigantesca figura sobre la que había desvariado en su delirio. También quedó claro sin mediar mucho tiempo que realmente no sabía nada de un culto secreto, salvo por lo que se hubiera dejado caer en sus charlas con mi tío. Una vez más me esforcé en imaginar cómo habría podido éste llegar a experimentar tan extrañas sensaciones.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
>>>
|