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En las montañas de la locura (Howard Phillips Lovecraft) - pág.27

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III

Imagino que ninguno de nosotros durmió muy profundamente ni de forma continuada aquella madrugada. Lo impedían, de una parte, la excitación que nos había producido la noticia del descubrimiento de Lake y, de otra, la creciente furia del vendaval. Soplaba de un modo tan salvaje, aun donde nosotros estábamos, que no pudimos por menos de pensar cómo lo estarían pasando en el campamento de Lake, situado justamente bajo los inmensos picos desconocidos, donde nacía y se desataba el viento. McTighe ya estaba en pie a las diez intentando oír a Lake por radio, según habíamos convenido, pero alguna perturbación eléctrica que había en el aire agitado, hacia el Oeste, parecía impedir la comunicación. Si pudimos, en cambio, ponernos al habla con el Arkham, y Douglas me dijo que también había tratado en vano de establecer contacto con Lake. Douglas no sabía de la tempestad, pues
en la bahía de McMurdo soplaba poco viento a pesar de su insistente fiereza en donde nos hallábamos.
Nos pasamos el día escuchando con ansiedad y tratando de enlazar con Lake, pero siempre sin resultado. Hacia mediodía el viento sopló enloquecido desde el Oeste y nos hizo temer por la seguridad de nuestro campamento; pero acabó amainando casi totalmente, sin más que una moderada recaída a las dos de la tarde. Después de las tres la calma era absoluta y redoblamos nuestros esfuerzos para comunicarnos con Lake. Pensábamos que por tener cuatro aeroplanos, dotados cada uno de un excelente equipo de onda corta, era improbable que un accidente ordinario pudiera haber inutilizado simultáneamente todos los aparatos. Pero lo cierto era que continuaba el silencio total, y cuando pensábamos en la fuerza delirante que el viento debía haber alcanzado en su campamento no podíamos alejar de nuestra imaginación los más ominosos presagios.
Para las seis nuestros temores eran ya más vivos y concreto, y después de consultar por radio con Douglas y Thorfinnssen, decidí tomar las medidas necesarias para realizar una investigación. El quinto aeroplano, el que hablamos dejado en el depósito de la bahía de McMurdo con Sherman y dos marineros, estaba en buenas condiciones y listo para su empleo inmediatamente; parecía haberse presentado la emergencia para la cual lo habíamos reservado. Llamé a Sherman por radio y le ordené que acudiera con el aeroplano y los dos marineros a la base Sur tan pronto como pudiera, pues las condiciones meteorológicas parecían ser muy propicias.


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