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En las montañas de la locura (Howard Phillips Lovecraft) - pág.14

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Lake me llamó más tarde para decirme que había decidido dejar el campamento en el lugar donde se había visto obligado a aterrizar el avión de Moulton, y donde las reparaciones habían progresado algo. La costra de hielo era muy fina y dejaba ver aquí y allá trozos de tierra oscura. Lake pensaba llevar a cabo algunas perforaciones y hacer estallar algunos barrenos en aquel lugar antes de realizar exploraciones en trineo o de emprender ningún ascenso. Me habló de la inefable majestuosidad del panorama y de las extrañas sensaciones que le producía encontrarse al socaire de inmensos y silenciosos picachos que, formando hileras, se disparaban hacia lo alto como un muro que alcanzase el cielo en el confín del mundo. El teodolito de Arwood había fijado la altura de los cinco picos más altos entre los 30.000 y los 34.000 pies. La forma en que el terreno estaba barrido por el viento inquietaba a Lake, pues auguraba la existencia de tremendas borrascas de violencia mucho más inusitada que cualquiera de las que habíamos sufrido hasta la fecha. Su campamento se hallaba a algo más de cinco millas del lugar en que las estribaciones de las montañas se elevaban bruscamente. Casi pude percibir un tono de alarma subconsciente en sus palabras, transmitidas a través de un vacío glacial de setecientas millas, cuando nos pedía que nos diésemos prisa pera acabar lo antes posible la tarea en aquella nueva región. Se disponía a descansar después de un día de trabajo, esfuerzo y resultados sin precedentes.
Por la mañana sostuve una conversación tripartita por radio con Lake y el capitán Douglas, que se hallaban en sus respectivas bases, muy lejanas entre sí. Acordamos que uno de los aviones de Lake vendría a mi base a recogernos a Pabodie, a cinco hombres y a mí, y a llevar también toda la gasolina que pudiera. La cuestión del combustible podía aguardar unos días más según lo que decidiéramos acerca de la expedición hacia el este, pues Lake tenía bastante en su campamento para sus inmediatas necesidades de calefacción y perforado. En su momento tendríamos que reabastecer la base del sur, pero si retrasábamos la expedición hacia el este no la utilizaríamos hasta el próximo verano, y entretanto Lake debía enviar un aparato para explorar una ruta directa entre sus nuevas montañas y la bahía de McMurdo.
Pabodie y yo nos dispusimos a cerrar nuestra base durante poco o mucho tiempo, según fuese necesario.


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