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El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.51

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Aun cuando la luz era tenue, pude advertir que se trataba de mi anfitrión. Había examinado repetidas veces la fotografía, y no me cabía la menor duda acerca de la identidad de aquel robusto y curtido rostro de barba recortada y entrecana.
Pero al volver a mirar y reconocer a Akeley se apoderó de mi una sensación de tristeza y angustia, pues tenía todo el semblante de las personas muy enfermas. Sin duda, debía haber algo más que asma detrás de aquella rígida e inmóvil expresión, que reflejaba agotamiento, y de aquella impertérrita y vidriosa mirada. Me di perfecta cuenta de hasta qué punto le había afectado la tensión de sus tenebrosas experiencias. ¿Acaso no bastaban para destrozar la vida de cualquier ser humano, incluso de hombres más jóvenes que este intrépido explorador de mundos prohibidos? El extraño y repentino alivio, me temí, debió llegarle demasiado tarde como para librarle de aquella suerte de crisis total en que se hallaba sumido. Había algo digno de compasión en la forma fláccida e inerte de aquellas esqueléticas manos postradas sobre el regazo. Akeley llevaba encima un amplio batín, y se cubría la cabeza y la parte superior del cuello con una bufanda o caperuza de color amarillo vivo.
Y luego vi que trataba de hablar en el mismo tono susurrante y entrecortado con que me había recibido. Era un susurro difícil de captar al principio, pues el bigote entrecano hacía imposible ver los movimientos de sus labios, y al mismo tiempo había algo en el timbre de su voz que no me agradaba en absoluto; pero, concentrando la atención, pronto pude entender sorprendentemente bien lo que intentaba decirme. El acento distaba mucho de ser el de un hombre del campo, y su expresión era incluso más refinada de la que cabía esperar - por la correspondencia mantenida.
«Mr. Wilmarth, supongo? Disculpe que no me levante Me encuentro muy mal, como sabrá por Mr. Noyes, pero ello no era óbice para que usted viniera. ¿Recuerda lo que le dije en la última carta? ¡Tengo tantísimas cosas que decirle mañana cuando me encuentre mejor! No puede imaginarse cuánto me alegro de verle en persona, después de todas las cartas que nos hemos cruzado. Supongo que -habrá traído toda la correspondencia ¿no? ¿Y las fotografías kodak y grabaciones? Noyes dejó su maleta en el vestíbulo.., espero que la viera allí. Pues esta noche me temo que tendrá que arreglárselas por sí mismo.


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