El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.50
Indice General
|
Volver
Página 50 de 72
La puerta estaba entreabierta para que yo pudiera pasar, pero antes de seguir adelante y entrar lancé una escrutadora mirada a mi alrededor, tratado de averiguar el por qué de la indescifrable y extraña sensación que experimentaba. Los cobertizos y heniles tenían un aspecto de lo más normal, y en uno amplio y desguarnecido pude ver el baqueteado Ford de Akeley. De repente, comprendí el secreto que se ocultaba tras aquella extraña sensación. Era el absoluto silencio que reinaba. Por lo general, en toda granja se oye cuando menos algún que otro ligero ruido producido por el ganado, pero en ésta no se percibía el menor signo de vida. ¿Dónde estaban las gallinas y los cerdos? Las vacas, de las que Akeley había dicho tener varias, podían encontrarse en los pastos, y los perros podían haber sido vendidos, pero la ausencia total de cloqueos y gruñidos resultaba ciertamente extraña.
Apenas me detuve en el sendero. Abrí resueltamente la puerta de la casa y la cerré detrás de mí. Confieso que me costó un gran esfuerzo mental hacerlo, y una vez dentro me invadió un instantáneo deseo de salir precipitadamente de allí. Y rio es que el lugar tuviese un aspecto siniestro a primera vista; muy al contrario, encontré sumamente atractivo y de buen gusto el encantador vestíbulo de finales del período colonial, y admiré el evidente buen gusto del hombre que lo había amueblado. Lo que me hacía desear alejarme de allí era algo muy enrarecido e indefinible. Quizá cierto extraño olor que creí percibir... aunque sé perfectamente hasta qué punto son normales los olores a humedad en las antiguas granjas, incluso en las mejores.
VII
Negándome a dejar que aquellas lóbregas sensaciones se apoderasen de mí, recordé las instrucciones de Noyes y abrí la blanca puerta de seis paneles con picaportes de bronce que había a mi izquierda. La habitación a la que daba estaba en penumbra tal como se me había indicado, y al entrar en ella advertí que el extraño olor era más intenso allí. Además, parecía como si flotara en el ambiente un leve y un tanto irreal ritmo o vibración. Por unos instantes, y debido a que las persianas estaban echadas, apenas pude ver nada, pero luego una tosecilla o murmullo amortiguado atrajo mi atención hacia un butac6n situado en el ángu1o más alejado y oscuro de la habitaci6n. En aquel lóbrego rincón pude ver la borrosa imagen blanquecina de la cara y manos de un hombre, y al instante me acerqué a saludar a aquella figura que trataba de hablarme.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-72
|