El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.29
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Poco más o menos, decía así:
Lunes
Querido Wilmarth:
Una postdata harto desoladora a mi última carta. Anoche el cielo estaba plagado de nubes - aunque no llovió- y no se veía luz procedente de la luna. La situación empeoró tremendamente, y mucho me temo que se acerque el final, en contra de todo lo que esperábamos. Pasada la medianoche algo se posó en el tejado de la casa y los perros se precipitaron fuera a ver qué pasaba. Les oi ladrar y aullar, y seguidamente uno consiguió encaramarse al tejado saltando desde un cobertizo bajo. Se entabló una feroz lucha allí arriba, y oí un espantoso susurro que jamás olvidaré. Y luego llegó hasta mí un tufo irresistible. Casi al mismo tiempo unos proyectiles atravesaron la ventana y a punto estuvieron de alcanzarme. En mi opinión, una avanzadilla de las criaturas de la montaña se acercaron a la casa mientras los perros estaban entretenidos con lo que sucedía en el tejado. Ignoro qué pasaría allí, pero me temo que esos seres están aprendiendo a gobernar mejor sus alas espaciales. Apagué la luz y utilicé las ventanas a modo de troneras, y barrí toda la casa con fuego de rifle apuntando alto a fin de no herir a los perros, tras lo cual se puso fin a la contienda. Pero, a la mañana siguiente, descubrí grandes charcos de sangre en el patio, además de otros de una sustancia verde y viscosa que despedían el olor más nauseabundo que mi memoria recuerda. Me encaramé al tejado en donde encontré más restos de aquella sustancia viscosa. Cinco perros habían caído muertos... me temo que a uno lo maté yo por apuntar muy alto, pues tenía un tiro en el lomo. Ahora estoy cambiando los cristales que se rompieron a causa de los disparos, y dentro de unos momentos salgo para Brattleboro en busca de más perros. Los hombres de las perreras deben creer que estoy loco. Le pondré otra nota a la vuelta. Espero poder mudarme dentro de una o dos semanas, aunque casi me mata sólo pensar en ello.
Apresuradamente, Akeley.
Pero ésta no fue la única carta de Akeley que se cruzó con la mía. A la mañana siguiente - -6 de septiembre- recibí otra. Esta vez eran unos mal trazados garrapatos que me desconcertaron por completo y que me dejaron sin saber qué decir o hacer.
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