El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.16
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Otra de las fotografías --sin duda una instantánea tomada con muy poca luz-- mostraba la boca de una cueva en un terreno muy frondoso, con una piedra esférica obstruyendo la abertura. En la superficie pelada que había justo delante podía distinguirse perfectamente una densa red de extrañas huellas, y al examinar la fotografía con una lupa comprobé con cierto desasosiego que eran similares a las de la otra instantánea. Una tercera fotografía mostraba un circulo de estilo druídico de piedras levantadas en las cumbres de una desolada montaña. En torno al críptico circulo la hierba estaba muy aplastada y arrancada, si bien no pude detectar ninguna pisada, m siquiera con ayuda de la lente. Se advertía fácilmente que se trataba de un lugar perdido en el auténtico mar de deshabitadas montañas que se divisaba en segundo plano y se perdían en un horizonte neblinoso.
Pero si la más espeluznante de todas las fotografías era aquella en que se veía la pisada, la más sugerente sin duda era la de la gran piedra negra encontrada en los bosques de Round Hill. Akeley la había fotografiado desde lo que debía ser su mesa de trabajo, pues podían verse hileras de libros y un busto de Milton en segundo término. A lo que parecía, la cámara había enfocado verticalmente la imagen con una superficie algo curvado e irregular de uno por dos pies, pero decir algo más preciso sobre aquella superficie, o sobre el aspecto general de la piedra entera, casi excede los límites del lenguaje. Ni siquiera podía imaginar los rarísimos principios geométricos en que se habían inspirado para su corte - pues no cabía duda de que se trataba de un corte artificial-, ya que jamás había visto nada tan extraño e inequívocamente ajeno a este mundo. Apenas pude distinguir alguno de los jeroglíficos esculpidos en la superficie, pero uno o dos de los que vi me dejaron atónito. Claro que muy bien podía tratarse de una falsificación, pues yo no era la única persona que había leído el monstruoso y abominable Necromonicón del árabe loco Abdul Alhazred. Con todo, me hizo estremecerme al reconocer ciertos ideogramas que mis estudios me habían enseñado a poner en relación con los misterios más espeluznantes e implacables de seres que habían tenido una semiexistencia descabellada antes de formarse la tierra y los otros planetas del sistema solar.
De las cinco fotografías restantes, tres eran de terrenos pantanosos y montañosos que parecían evidenciar huellas de ocultos y perniciosos moradores.
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