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El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.12

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En los bosques de Round Hill, al este de aquí, he encontrado una gran piedra negra con jeroglíficos indescifrables y a medio borrar. Pues bien, una vez que me la llevé a casa todo cambió radicalmente. Si creen que sé demasiado me matarán o me llevarán consigo al planeta de donde proceden. De cuando en cuando les gusta llevarse hombres preparados para estar al corriente de cómo marchan las cosas en el mundo de los humanos.
Esto me lleva a mí segundo propósito al escribirle esta carta, es decir, a rogarle que en lugar de añadir más leña a la polémica, procure acallaría. Debe mantenerse a la gente alejada de estas montañas, y para lograrlo lo mejor es no despertar más su curiosidad. Bien saben los cielos que ya es bastante el peligro que se corre con promotores y agentes inmobiliarios dispuestos a inundar Vermont con tropeles de veraneantes que infesten las zonas despobladas y cubran las montañas de casitas del peor gusto. Me agradaría mucho seguir en contacto con usted, y si quiere trataré de enviarle por correo urgente la grabación fonográfica y la piedra negra (tan desgastada está que apenas podrá ver algo en las fotografías). Y digo «trataré», porque creo que estas criaturas se las arreglan para enterarse de cuanto aquí sucede. En una granja próxima al pueblo hay un tipo llamado Brown, de siniestra catadura y peor talante, que creo es un espía suyo. Poco a poco tratan de incomunicarme con el mundo porque sé demasiado acerca de ellos.
Se sirven de los más increíbles medios para enterarse de todo lo que hago. Es posible que ni siquiera esta carta llegue a sus manos. Creo que lo mejor sería que abandonara esta parte del país y me fuera a vivir en compañía de mi hijo a San Diego, en California, si las cosas se ponen peor, pero no es nada fácil abandonar el lugar en que uno ha nacido y donde ha vivido su familia durante seis generaciones. Y, además, difícilmente me atrevería a vender esta casa a nadie ahora que esas criaturas se han fijado en ella. Al parecer, tratan de recuperar la piedra negra y destruir la grabación fonográfica, pero no lo conseguirán mientras yo pueda evitarlo. De momento, mis perros policía los mantienen a raya, pues todavía son pocos y aún no se mueven bien por estos parajes. Como he dicho, sus alas no sirven de mucho cuando se trata de vuelos cortos sobre la tierra.


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