El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.4
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Unas veces caminaban sobre todas sus patas y otras solamente sobre el par trasero, utilizando las restantes para transportar grandes objetos de naturaleza desconocida. En cierta ocasión fueron vistos en crecido número, al tiempo que un destacamento suyo vadeaba, de tres en línea en formación prácticamente militar, una corriente de agua poco profunda que discurría entre frondosos bosques. En otra ocasión, se vio una noche a uno de aquellos seres volando, tras arrojarse de la cima de una colina pelada y solitaria, y desaparecer en el cielo después que sus grandes alas batientes reflejaron por un instante su silueta contra la luna llena.
Aquellos seres no parecían tener, por lo general, la menor intención de atacar a los hombres, aunque a veces se les hizo responsables de la desaparición de algún que otro osado individuo --sobre todo personas que levantaban casas demasiado cerca de ciertos valles o próximas a las cumbres de determinadas montañas. El asentamiento en muchos lugares se hizo poco recomendable, perdurando esta creencia aun mucho después de olvidarse la causa. Un escalofrío se apoderaba de la gente al dirigir la mirada hacia algunos barrancos próximos en las estribaciones de aquellos siniestros y verdes centinelas, aun cuando no recordaran cuántos colonos habían desaparecido y cuántas granjas habían ardido hasta reducirse a cenizas.
Pero, mientras según las más antiguas leyendas aquellas criaturas sólo atacaban a quienes violaban su intimidad, había relatos posteriores que dejaban constancia de su curiosidad con respecto a los hombres y de sus tentativas por establecer avanzadillas secretas en el mundo de los seres humanos. Circulaban historias de extrañas huellas de zarpas vistas en las proximidades de las ventanas de alguna solitaria granja al despuntar el dia, y de alguna que otra desaparición en comarcas alejadas de los núcleos que se hallaban, evidentemente bajo los efectos del hechizo. Historias, por lo demás, de susurrantes voces imitadoras del lenguaje humano que hacían sorprendentes ofrecimientos a los solitarios viajeros que se aventuraban por caminos y senderos abiertos en los frondosos bosques y de niños aterrorizados por cosas vistas u oídas en los mismos linderos del bosque. En la etapa final de. las leyendas - la etapa inmediatamente anterior al declinar de la superstición y al abandono de los temidos lugares--, se encuentran sorprendentes referencias a ermitaños y solitarios colonos que en algún momento de su vida parecieron experimentar un repulsivo cambio de actitud mental, por lo que se les rehuía y rumoreaba de ellos que se habían vendido a aquellos extraños seres.
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