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El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.3

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Aquellas leyendas, aun cuando nebulosas, ambiguas y en gran medida olvidadas por las actuales generaciones, tenían unos rasgos muy singulares y sin duda reflejaban ‘la influencia de primitivos relatos tradicionales indios. Era algo que, aunque jamás había estado en Vermont, conocía bien gracias a la curiosísima monografía de En Davenport, en la que se recopila material de la tradición oral recogido con anterioridad a 1839 entre las personas más ancianas del estado. Este material, por otro lado, coincide casi puntualmente con historias que he escuchado personal mente de boca de los ancianos campesinos de la región montañosa de New Hampshire. Brevemente resumidas, hacían referencia a una raza oculta de monstruosos seres que habitaban en algún perdido lugar de las más remotas montañas, en los densos bosques de las más altas cumbres y en los sombríos valles bañados por cursos de agua de origen desconocido. Rara vez eran avistados estos seres, pero había testimonios de su presencia, aportados por quienes se habían adentrado más allá de lo normal en las vertientes de determinada montaña o aventurado en las profundidades de determinados barrancos que hasta los lobos rehuían.
En el limo depositado a orillas de los arroyos y en los terrenos yermos había unas extrañas huellas, que no podía decirse si eran de pies o de zarpas, y unos curiosos círculos de piedras, con la hierba arrancada a su alrededor, que no parecían haber sido colocados allí ni configurados por la acción de la naturaleza. Había también unas cuevas de dudosa profundidad en Jas laderas de las montañas, cuyas bocas de acceso estaban cerradas por grandes piedras dispuestas de forma nada casual y con más extrañas huellas de lo normal, las cuales se encaminaban tanto hacia el interior como hacia el exterior de la cueva… en el supuesto de que su dirección pudiera determinarse exactamente. Y lo peor de todo era lo que algunas personas arriesgadas habían visto, ocasionalmente a la luz del crepúsculo, en los más remotos valles y en los frondosos y empinados bosques por encima de los límites normales de ascensión.
Todo habría resultado menos alarmante si los relatos aislados de tales acontecimientos no hubiesen coincidido en tal grado. En efecto, casi todos los rumores que circulaban tenían algo en común, ya que sostenían que aquellas criaturas eran una especie de grandes cangrejos de color rojizo, con muchos pares de patas y dos grandes alas como de murciélago en medio del lomo.


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