El susurrador en la oscuridad (Howard Phillips Lovecraft) - pág.2
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Me divertía mucho encontrar personas cultas convencidas de que debía haber algo de misterioso y perverso en el fondo de aquellos rumores.
Las leyendas que atrajeron mi atención. procedían en su mayor parte de lectores de periódicos, aunque una de aquellas increíbles historias tenía una fuente oral y a un amigo mío se la reprodujo su madre en una carta que le envió desde Hardwick, Vermont. Lo que se describía en ellas era en esencia lo mismo, aunque parecía haber tres variantes: una estaba relacionada con el río Winoski cerca de Montpelier, otra tenía que ver con el río West en el condado de Windham, allende Newfane, y una tercera se centraba en el Passumpsic, condado de Caledonia, al norte de Lyndonville. Desde luego, muchos de los artículos hacían referencia a otros ejemplos, pero en última instancia todos ellos parecían reducirse a estos tres. En todos los casos los campesinos afirmaban haber visto uno o más objetos muy extraños y desconcertantes en las agitadas aguas que bajaban de las poco frecuentadas montañas, y había una acusada tendencia a relacionar aquellas visiones con un primitivo y semiolvidado ciclo de leyendas tradicionales que los ancianos revivían para el caso en cuestión.
Lo que la gente creía ver eran formas orgánicas muy distintas de cualesquiera otras vistas con anterioridad. Naturalmente, en aquel trágico periodo, los ríos arrastraban muchos cadáveres de seres humanos. Ahora bien, quienes describían aquellas extrañas formas estaban totalmente convencidos de que no se trataba de seres humanos, a pesar de algunas aparentes semejanzas en tamaño y aspecto general. Tampoco, decían los testigos, podían ser las de ningún animal conocido en Vermont. Eran objetos rosáceos de un metro y medio de largo, con cuerpos revestidas de un caparazón provisto de grandes aletas dorsales o alas membranosas y varios pares de patas articuladas, y con una especie de intrincada forma elipsoide, cubierta con infinidad de antenáculos, en el lugar en que normalmente se encontraría la cabeza. Resultaba realmente curioso hasta qué punto coincidían los relatos de las diferentes fuentes, aunque en parte se explicaba por el hecho de que las antiguas leyendas, difundidas en otro tiempo por toda la montañosa comarca, aportaban un cuadro morbosamente vivido que podía muy bien teñir la imaginaci6n de todos los testigos implicados. De lo que deduje que los testigos - todos ellos gentes sencillas e ingenuas de comarcas escasamente pobladas habían vislumbrado los destrozados y abotagados cadáveres de seres humanos y animales domésticos en las turbulentas aguas, y el recuerdo latente de las antiguas leyendas les habla llevado a revestir de atributos fantásticos a aquellos cadáveres dignos de la mayor compasión.
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