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El horror de Dunwich (Howard Phillips Lovecraft) - pág.42

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-¡Oh, Dios mío, Dios mío! -se oyó decir a alguien con una vez entrecortada-. ¡Vuelve de nuevo, y esta vez en pleno día! ¡Ha salido, ha salido y se mueve en estos momentos! ¡Que el Señor nos proteja!
Tras oírse unos jadeos, la voz se sumió en el silencio, pero otro de los hombres retomó el hilo de lo que decía el primero.
-Hace casi una hora Zeb Whateley oyó sonar el teléfono. Quien llamaba era Mrs. Corey, la mujer de George, el que vive abajo en el cruce. Dijo que Luther, el mozo, había salido en busca de las vacas al ver el tremendo rayo que cayó, cuando observó que los árboles se doblaban en la boca del barranco -del lado opuesto de la vertiente- y percibió el mismo hedor que se respiraba en las inmediaciones de las grandes huellas el lunes por la mañana. Y según ella, Luther dijo haber oído una especie de crujido o chapoteo, un ruido mucho más fuerte que el producido por los árboles o arbustos al doblarse, y de repente los árboles que había a orillas del camino se inclinaron hacia un lado y se oyó un horrible ruido de pisadas y un chapoteo en el barro. Pero, aparte de los árboles y la maleza doblados, Luther no vio nada.
Luego, más allá de donde el arroyo Bishop pasa por debajo del camino pudo oír unos espantosos crujidos y chasquidos en el puente, y dijo que parecía como si fuese madera que estuviese resquebrajándose. Pero, aparte de los árboles y los matorrales doblados, no vio nada en absoluto. Y cuando los crujidos se perdieron a lo lejos -en el camino que lleva a la granja del brujo Whateley y a la cumbre de Sentinel Hill-, Luther tuvo el valor de acercarse al lugar donde se oyeron los ruidos primero y se puso a mirar al suelo. No se veía otra cosa que agua y barro, el cielo estaba encapotado y la lluvia que caía empezaba a borrar las huellas, pero cerca de la boca del barranco, donde los árboles se hallaban caídos por el suelo, aún había unas horribles huellas tan gigantescas como las que vio el lunes pasado.
Al llegar aquí, tomó la palabra el hombre que había hablado en primer lugar.
-Pero eso no es lo malo; eso fue sólo el principio. Zeb convocó a la gente y todos estaban escuchando cuando se cortó una llamada telefónica que hacían desde la casa de Seth Bishop.


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