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El color surgido del espacio (Howard Phillips Lovecraft) - pág.31

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los ojos de su compañero. No había necesidad de palabras. Lo que había de
discutible en las habladurías de los campesinos ya no podría ser discutido en
adelante porque allí había seis testigos de excepción, media docena de hombres
que, por la índole de sus profesiones, no creían más que lo que velan con sus
propios ojos. Ante todo es necesario dejar sentado que a aquella hora de la
noche no soplaba ningún viento. Poco después empezó a soplar, pero en aquel
momento el aire estaba completamente inmóvil. Y, sin embargo, en medio de
aquella tensa y absoluta calma, los árboles del patio estaban moviéndose. Se
movían morbosa y espasmódicamente, agitando sus desnudas ramas, en convulsivas y
epilépticas sacudidas, hacia las nubes bañadas por la luz de la luna; arañando
con impotencia el aire inmóvil, como empujados por una misteriosa fuerza
subterránea que ascendiera desde debajo de las negras raíces.
Por espacio de unos segundos todos los hombres reunidos en la granja de Gardner
contuvieron el aliento. Luego, una nube más oscura que las demás veló la luna, y
la silueta de las agitadas ramas se disipó momentáneamente. En aquel instante un
grito de espanto se escapó de todas las gargantas, ya que el horror no se había
desvanecido con la silueta, y en un pavoroso momento de oscuridad más profunda
los hombres vieron retorcerse en la copa del más alto de los árboles un millar
de diminutos puntos fosforescentes, brillando como el fuego de San Telmo o como
las lenguas de fuego que descendieron sobre las cabezas de los Apóstoles el día
de Pentecostés. Era una monstruosa constelación de luces sobrenaturales, como un
enjambre de luciérnagas necrófagas bailando una infernal zarabanda sobre una
ciénaga maldita; y su color era el mismo que Ammi habla llegado a reconocer y a
temer. Entretanto, la fosforescencia del pozo se hacía cada vez más brillante,
infundiendo en los hombres reunidos en la granja una sensación de anormalidad
que anulaba cualquier imagen que sus mentes conscientes pudieran formar.


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