Poirot infringe la ley (Agatha Christie) - pág.7
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Contiene las expresiones de amor más extravagantes que jamás he leído.
-Poirot, opino que nunca debió leer esa carta. Nadie medianamente educado lo hubiera hecho.
-Pero sí Hercule Poirot -me replicó imperturbable.
-¿También es juego limpio para Hercule Poirot valerse de una tarjeta falsa? -pregunté recordando el método que usara para franquearse la entrada en casa de Lavington.
-Yo no juego limpio, Hastings, cuando llevo un caso.
Me encogí de hombros, incapaz de rebatir sus puntos de vista.
-Se oyen pasos en la escalera -dijo Poirot-. Lady Millicent, seguro.
El semblante de nuestra rubia cliente mostraba gran expresión de ansiedad, que se trocó en otra de delicia al ver la carta y la caja.
-¡Oh, monsieur Poirot, qué maravilloso es usted! ¿Cómo lo ha conseguido?
-Con métodos bastante reprobables, milady. Pero Mr. Lavington no nos demandará. ¿Esta es su carta, verdad?
Ella la examinó.
-Sí. ¿Cómo podré agradecérselo? Es usted un hombre maravilloso, sencillamente maravilloso. ¿Dónde estaba oculta?
Poirot se lo contó.
-¡Qué inteligente es usted! -dijo cogiendo la cajita de la mesa-. Me la guardaré como recuerdo.
-Milady, supuse que no tendría inconveniente en dejármela también como recuerdo.
-Espero mandarle un recuerdo mucho mejor el día de mi boda. No seré desagradecida, monsieur Poirot.
-Haberle sido útil es para mí un placer superior a cualquier talón bancario. Permítame que retenga la caja.
-Por favor, monsieur Poirot, significa mucho para mí -dijo sonriente.
Lady Millicent alargó su mano, pero la de Poirot se cerró sobre la de ella.
-Seguro -su voz había cambiado.
-¿Oué significa esto? -preguntó la joven, no sin cierta dureza.
-En todo caso, permítame que saque el resto de su contenido. Observe cómo el espacio original ha sido reducido a la mitad. En la parte superior está la carta comprometedora, pero en el fondo...
Hizo un gesto ambiguo y sacó la mano. En ella aparecieron cuatro relucientes piedras y dos grandes y lechosas perlas blancas.
-Las joyas robadas en la calle Bond el otro día, me imagino -murmuró Poirot-. Japp nos lo confirmara.
Mi sorpresa no tuvo límites cuando el mismo Japp salió del dormitorio de Poirot.
-Le presento a un viejo amigo suyo, según tengo entendido -dijo Poirot a lady Millicent.
-¡Cazada! -exclamó la joven con un repentino cambio de modales-. ¡Cínico viejo demonio!
-Bien, mi querida Gertie -intervino Japp-. Esta vez ganamos nosotros. Ya hemos detenido a su compinche, el falso Lavington. En cuanto al auténtico, conocido también por el nombre de Corker, me gustaría saber quién de la banda lo apuñaló en Holanda el otro día.
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