Poirot infringe la ley (Agatha Christie) - pág.4
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Así se lo dije cuando regresó y él asintió con gesto preocupado.
-Sí, no veo una solución plausible. El tal Lavington tiene la sartén por el mango. De momento, no se me ocurre cómo vamos a entramparlo.
Mr. Lavington nos visitó aquella noche. Lady Millicent no había exagerado al describirlo como un hombre odioso. Sentí un cosquilleo en los dedos de los pies, de tantas ganas como tuve de darle una patada en su parte más carnosa y echarlo escaleras abajo. Sus fanfarronerías y modales eran insoportables, como también sus risas burlonas ante las sugerencias de Poirot. En todo momento se mostró dueño de la situación, mientras Poirot parecía desarrollar la más desafortunada de sus actuaciones.
-Bien, caballeros -dijo Lavington mientras cogía su sombrero-. No puede decirse que hayamos llegado a un acuerdo. Ahora bien, tratándose de lady Millicent, una señorita encantadora, dejaremos la cosa en dieciocho mil libras. Hoy mismo me traslado a París... cuestión de pequeños negocios. Regresaré el martes. Si el dinero no me es entregado el martes por la noche, la carta llegará a manos del duque. No me digan que lady Millicent no puede conseguir esa suma. Cualquiera de sus amistades masculinas estaría más que dispuesta a favorecer a semejante belleza con un préstamo... silo enfoca del modo adecuado.
Indignado, avancé un paso, pero Lavington se había precipitado fuera de la habitación al mismo tiempo que terminaba la frase.
-Tiene que hacer algo, Poirot. Parece que lo toma con poco nervio -grité.
-Posee un excelente corazón, amigo mío, si bien sus células grises se hallan en un deplorable estado. No experimento ningún deseo de impre-sionar a Mr. Lavington con mi ingenio. Cuanto más pusilánime me crea, mejor.
-¿Por qué?
-Resulta curioso -dijo Poirot haciendo memoria- que expresara deseos de trabajar contra la ley, precisamente momentos antes de que lady Millicent viniera.
-¿Piensa registrar la casa de Lavington mientras se halla ausente? -pregunté con el aliento contenido.
-A veces, Hastings, su proceso mental es sorprendentemente rápido.
-¿Y si se lleva la carta?
Poirot sacudió la cabeza.
-Es muy improbable. Todo hace pensar que posee un escondrijo en su hogar considerado por él como inexpugnable.
-¿Cuándo...? Bueno... ¿cuándo consumaremos el allanamiento de morada?
-Mañana por la noche. Saldremos de aquí hacia las once.
Y a esa hora yo estaba dispuesto a partir, vestido con un traje y un sombrero oscuros.
Poirot me observó un instante y se sonrió.
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