Poirot infringe la ley (Agatha Christie) - pág.2
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Intuyo algo interesante. Una mujer joven y bonita como esa no oculta su rostro con un velo, excepto si el asunto es de gran importancia.
Un minuto más tarde, la joven se hallaba ante nosotros. Tal como Poirot había dicho, sus facciones aparecían protegidas por un impenetrable velo de encaje español. Al descubrirse, comprobé lo acertada que había sido la intuición de mi amigo, pues se trataba de una señorita extraordinariamente guapa, de pelo rubio y grandes ojos azules. La calidad de su sencillo atuendo me dijo en seguida que pertenecía a una elevada clase social.
-Monsieur Poirot -dijo ella con voz suave y musical-, me encuentro en un gran apuro. Y si bien temo que no pueda ayudarme, he oído de usted tantas maravillas que, como última esperanza, vengo a suplicarle un imposible.
-Un imposible me seduce siempre -contestó él-. Continúe, se lo ruego, mademoiselle.
Nuestra rubia visitante vaciló un momento.
-Ante todo, séame sincera -añadió Poirot-. No deje a oscuras ningún punto.
-Confiaré en usted -se decidió la joven-. ¿Ha oído hablar de lady Millicent Castle Vaugchan?
Levanté la vista con vivo interés. El compromiso matrimonial de lady Millicent con el joven duque de Southshire había sido publicado en la prensa unos días antes. No ignoraba que era la quinta hija de un arruinado par irlandés, mientras que el duque de Southshire estaba considerado como uno de los mejores partidos de Inglaterra.
-Soy lady Millicent -continuó-. Posiblemente habrá leído acerca de mi compromiso matrimonial. Debería ser una de las mujeres más felices de la tierra, pero... ¡oh, monsieur Poirot!, estoy muy preocupada. Existe un hombre, un hombre terrible, Lavington, y... no sé cómo explicarlo. Cuando apenas contaba dieciséis años, escribí una carta y él... él...
-¿Una carta escrita a Mr. Lavington?
No, a él no! A un joven soldado de quien me había enamorado, pero que murió en la guerra.
-Comprendo -dijo Poirot, amable.
-Es una carta estúpida, una carta indiscreta, pero... de veras, monsieur Poirot, nada más que eso. Sin embargo, encierra frases que... que podrían ser interpretadas erróneamente.
-Y esta carta se halla en poder de Mr. Lavington, ¿verdad? -preguntó Poirot.
-Sí, y a menos que le pague una fabulosa cantidad de dinero, una suma imposible para mí, se la enviará al duque.
-¡Cerdo indecente! -exclamé-. Le ruego me excuse, lady Millicent.
-¿No sería preferible poner en antecedentes de ello a su futuro marido?
-No me atrevo, monsieur Poirot.
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