Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.147
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-La señora. Entró en la cocina y me dijo que fuese a llamar a Albert. Luego, los dos habíamos de subir al dormitorio, que desde la noche anterior había cedido a aquel caballero; lo vi sentado en la cama. Había vuelto de Londres para meterse en la cama. Tenía muy mal aspecto. Yo nunca lo había visto antes, pero estaba blanco como un papel. Y el señor Elford estaba allí también. Habló muy bien y dijo que no había nada que temer y que yo debería firmar con mi nombre donde aquel caballero había firmado con el suyo. Y así lo hice. Puse «cocinera» después del nombre y las señas. Y Albert hizo como yo, diciendo que nunca había visto a un caballero tan acabado como aquél. Gladys observó que la noche anterior parecía estar sano y bueno y que tal vez en Londres tuvo algún disgusto serio. Se había marchado a Londres antes de que se levantara nadie. Luego yo dije que no me gustaba escribir mi nombre en ningún papel, y Gladys me contestó que no había cuidado, porque el señor Elford estaba allí.
-¿Y cuándo murió el señor Savage?
-A la mañana siguiente, señora. Aquella noche se encerró en su cuarto, sin dejar entrar a nadie, y cuando Gladys lo llamó a la mañana siguiente, lo encontró muerto y tieso. A su lado había una carta para el fiscal, Gladys tuvo un susto de muerte. Luego vino la encuesta y todo lo demás. Dos meses más tarde, la señora Templeton me dijo que se iba a vivir al extranjero. Pero antes me proporcionó un empleo en el Norte con buen sueldo, me hizo un regalo y todo lo demás. La señora Templeton es muy buena.
La señora Pratt gozaba entonces con su propia locuacidad. Frankie se puso en pie y dijo:
-Me ha gustado mucho oír todo eso. -Sacó un billete de su cartera-. Quisiera hacerle a usted ese pequeño regalo porque le he hecho perder mucho tiempo.
-Bueno, muchas gracias, señora. Muy buenos días a usted y a su caballero.
Frankie se sonrojó y echó a andar con cierta rapidez. Bobby la siguió, muy preocupado.
-Parece que hemos podido averiguar todo lo que sabe -dijo.
-Sí -contestó Frankie-, y ello concuerda bien. No hay duda de que Savage otorgó este testamento y sospecho que su temor por el cáncer era verdadero. Con toda seguridad no habrían podido sobornar a un médico de Harley Street.
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