Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.144
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-Anoche. Estaba detrás del teléfono.
-Entonces creo que ya no hay duda acerca de quienes eran el señor y la señora Templeton. Espera un momento.
Se había acercado una camarera para servir unas tostadas, y Frankie le mostró la fotografía.
-¿Conoce usted a este señor? -preguntó.
La camarera examinó el retrato, y al fin, dijo:
-Sí, he visto a este señor, pero no recuerdo. ¡Ah, sí! Es el mismo que habitaba en Tudor Cottage. El señor Templeton. Creo que se ha marchado al extranjero,
-¿Qué clase de hombre era? -preguntó Frankie.
-En realidad no puedo decirlo. Venían aquí muy poco. Pocas personas tuvieron ocasión de tratarlo. La señora Templeton era muy agradable. Pero pasaron muy poco tiempo en Tudor Cottage. Sólo seis meses. Creo que murió un caballero muy rico y legó todo su dinero a la señora Templeton. Entonces ésta y su marido marcharon al extranjero. No vendieron Tudor Cottage. Creo que lo alquilaban a veces a algunas personas que iban a pasar ahí el fin de semana Pero no creo que eso les diese bastante dinero para vivir.
-¿Sabe usted si tenían una cocinera llamada Rose Chudleigh? -preguntó Frankie.
A la joven le importaban muy poco las cocineras. Más le interesaba el detalle del legado de aquella fortuna. Y en respuesta a la pregunta de Frankie, contestó que no estaba segura y se retiró.
-Es evidente -dijo la joven a su compañero- que los Cayman ya no vienen por aquí, pero que conservan la casa por si le conviene utilizarla a la cuadrilla.
Convinieron en repartirse el trabajo, según aconsejaba Bobby. Frankie se marchó con el «Bentley» después de haber hecho algunas compras en la población para mejorar su aspecto, y Bobby salió en busca de Albert Mere, jardinero.
Se reunieron a la hora de almorzar, y contestando a una muda pregunta de Bobby, Frankie dijo:
-No hay que hablar siquiera de falsificación. He pasado largo rato con el señor Elford, que es un hombre muy simpático. Tenía ya alguna noticia de lo que nos ocurrió anoche y estaba interesadísimo en averiguar detalles. Supongo qué por aquí no tendrán muchas cosas en qué pensar. Hablamos del asunto Savage, fingí que conocía a algunos parientes del muerto y que ellos me indicaron la posibilidad de que el testamento fuese falsificado. Entonces mi interlocutor se indignó diciendo que no se podía imaginar siquiera tal cosa. Él mismo vio al señor Savage, y por su orden redactó aquel testamento.
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