Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.138
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Todo aquello extrañó mucho a Badger y sospechó que ocurría algo desagradable, de modo que acabó decidiéndose a hacer una investigación.
Gracias a unas herramientas que halló en aquel recinto pudo abrir la cerradura y salir para dar una vuelta. Vio cerradas las ventanas de la planta baja de la casa, pero se dijo que si subiera al tejado quizá podría mirar a través de las del primer piso. No le fue difícil subir hasta allá. Descubrió una tubería por la que se pudo encaramar, y así llegó hasta la claraboya, donde su peso hizo lo demás.
Bobby dio un largo suspiro en cuanto su socio hubo terminado el novelístico relato.
-De todos modos te has convertido en un hermoso milagro -le dijo- De no haber sido por ti, mi querido amigo, Frankie y yo nos habríamos visto convertidos en cadáveres antes de una hora.
Hizo a Badger un relato condensado de sus propias actividades y de las de Frankie, pero antes de terminar, le interrumpió diciendo:
-Alguien llega. A tu sitio, Frankie. Y ahora, vamos a ver al famoso actor Bassington-ffrench, en el momento en que recibe la mayor sorpresa de su vida.
Fue a sentarse Frankie en la silla y adoptó una actitud apropiada. Badger y Bobby se situaron a ambos lados de la puerta.
Los pasos subían por la escalera y la luz de la bujía fue visible por debajo de la puerta. Metieron la llave en la cerradura y se abrió la hoja de madera. La luz de la bujía alumbró a Frankie, dolorosamente acurrucada sobre sí. Y el carcelero atravesó el marco de la puerta.
Entonces, con intensa alegría, Badger y Bobby saltaron a un tiempo.
La lucha fue corta y decisiva.
Cogido por sorpresa, aquel hombre se vio derribado y la bujía voló por el aire, pero Frankie la cogió antes de que se cayese. Y pocos segundos después, los tres amigos contemplaban con malicioso placer a la figura fuertemente atada con las mismas cuerdas que antes sujetaron a dos de ellos.
-Buenas noches, señor Bassington-ffrench -dijo Bobby con una expresión de júbilo que nadie podría censurar-. Es una hermosa noche para el entierro.
CAPÍTULO XXX
LA FUGA
El hombre tendido en el suelo los miró, y ya no era posible sostener su disfraz. En las cejas se notaban algunas huellas de pintura, más independientemente de todo esto, el rostro de aquel hombre era sin duda el de Roger Bassington-ffrench.
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