Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.137
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Quiero saber por qué milagro penetró Badger a través de la claraboya en el momento más oportuno.
(Para no hacer pesada la relación de Badger, suprimimos su tartamudeo.)
Tomó la palabra y dijo:
-Pues mira, en cuanto te marchaste me vi metido en un lío.
Poco a poco, Bobby le hizo referir lo ocurrido. Pagos, acreedores, uno o dos embargos..., en fin, una verdadera catástrofe comercial, debida a la especial habilidad que tenía Badger para meterse en toda clase de compromisos. Y Bobby se marchó sin dejar ninguna dirección, aunque dio a entender que llevaba el «Bentley» a Staverley. Así pues, Badger se dirigió a este pueblo, con la esperanza de que su socio le prestara siguiera cinco libras esterlinas.
A Bobby le dolió el corazón. Habíase propuesto ayudar a Badger y lo abandonó para dedicarse, en unión de Frankie, al esclarecimiento de aquel asunto. Y, sin embargo, su fiel amigo no le dirigió una sola palabra de recriminación.
No tenía Badger ningún deseo de poner en peligro las misteriosas empresas de su socio, pero opinaba que un coche como el «Bentley» verde no sería difícil de hallar en un pueblo como Staverley. Y, en efecto, lo encontró antes de llegar allí, parado y vacío ante la puerta de una taberna.
-Se me ocurrió entonces -añadió Badger- darte una sorpresa. En el tonneau -los asientos traseros- había algunas alfombras y mantas, y me cubrí con ellas para darte un susto. Pero lo que ocurrió realmente fue que un chófer, que vestía librea verde, salió de la taberna, y Badger, mirando desde su escondrijo, se quedó aterrado al ver que aquel hombre no era Bobby. Sin embargo, le pareció recordar su rostro. Aquel individuo subió al coche y emprendió la marcha.
Se hallaba Badger en una situación muy comprometida y sin saber qué hacer. Las explicaciones y las disculpas eran difíciles y además no era oportuno darlas a un hombre que guiaba un coche a cien kilómetros por hora. Badger, por consiguiente, decidió continuar oculto y abandonar el coche cuando se parase.
El vehículo llegó por fin a su destino, Tudor Cottage. El chófer metió el coche en el garaje y luego cerró la puerta, de modo que Badger quedó prisionero. A un lado del garaje vio una ventana y, a través de ella, media hora después, Badger pudo notar la aproximación de Frankie, y oyó la señal que hacía y observó cómo entraba en la casa.
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