Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.134
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Pero no lo estaba, sino que, en realidad, se sentía muy deprimida.
-Todo eso es imposible -exclamó Bobby, como si discutiera con alguien-. Es fantástico. El mismo Nicholson no es una persona real. Claro está que desearía que nos salvasen, pero no veo quién podrá hacerlo.
-¡Ojalá se lo hubiese dicho a Roger! -exclamó Frankie.
-Quizá, a pesar de todo, Nicholson cree que se lo dijiste -opinó Bobby.
-No -replicó ella-; no ha hecho ningún caso. Ese hombre es demasiado listo.
-Más que nosotros -dijo Bobby, en tono de mal humor-. ¿Sabes lo que más molesta en este asunto?
-No. ¿qué?
-Pues que ahora, cuando ya estamos cerca del otro mundo, aún ignoramos quién es Evans.
-Se lo preguntaremos -sugirió. Frankie-. Ya sabes. El último deseo del que va a morir. No puede negársele. Y convengo contigo en que no podemos morir sin haber satisfecho nuestra curiosidad.
-Mira -dijo Bobby, después de un corto silencio-, creo como último recurso, que deberíamos gritar pidiendo socorro. No nos queda otra solución.
-Aún no -dijo Frankie-. En primer lugar, creo que nadie nos oiría, porque de lo contrario, no nos habría traído aquí, y luego no me arriesgo a esperar a que me maten sin poder hablar con alguien. Dejaremos el recurso de gritar para el último instante.
-En buen lío te he metido, Frankie.
-No te apures, hombre. Recuerda que no habrías podido alejarme de esto, porque yo deseaba intervenir. ¿Y crees, Bobby, que nos matará de verdad?
-¿Y crees ahora que mató también a Henry Bassington-ffrench?
-Lo temo mucho.
-Si fuese posible...
-Es posible, suponiendo que Sylvia Bassington-ffrench sea cómplice de ese hombre.
-¡Frankie!
-Ya lo sé. Esta idea me horrorizó en cuanto se me hubo ocurrido. Mas parece lógica. ¿Por qué se mostró Sylvia tan ciega respecto a la morfina? ¿Por qué se resistía con tanta obstinación, cuando deseábamos enviar a su marido a un lugar cualquiera y no a la Granja? Y, además, estaba en la casa cuando se oyó el tiro.
-Quizá le disparó ella.
-¡Oh, no!
-Sí. Pudo hacerlo. Y luego entregó la llave del estudio a Nicholson para que la metiese en el bolsillo de Henry.
-Es una locura -exclamó Frankie-. No es posible. Pero lo horroroso es que las personas que parecían más decentes han resultado ser criminales. Debiera de existir el medio de reconocerlos por algún rasgo físico; por las cejas, las orejas u otra cosa cualquiera.
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