Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.125
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Ella esperó el telegrama de respuesta, pero como no lo recibió, se dirigió al hotel.
-¿El señor Parker, señorita?-preguntó el botones-: Me parece que no hay ningún caballero con este nombre en el hotel, pero voy a verlo.
Volvió unos minutos más tarde, diciendo:
-Llegó aquí el miércoles por la noche, señorita. Dejó aquí su equipaje, diciendo que tal vez regresara tarde.
Frankie se asustó y tuvo que apoyarse en una mesa para no caer. El botones la miró con simpatía y le preguntó:
-¿Se siente usted mal, señorita?
-No es nada -contestó Frankie-. ¿Y no ha dejado ninguna carta?
Se alejó el botones, para regresar unos momentos después, moviendo la cabeza.
-Ha llegado un telegrama para él -dijo-. No hay otra cosa -la miró con curiosidad y preguntó-: ¿Puedo hacer algo en su obsequio, señorita?
Frankie movió la cabeza; en aquel momento sólo deseaba marcharse y reflexionar acerca de lo que haría luego.
-No, nada más; gracias -contestó.
Y subiendo a su «Bentley», se alejó.
El botones la miró mientras se marchaba y murmuró:
-Ése le ha dado el salto. Y es lástima, porque ella vale la pena. ¿Cómo sería él?
Preguntó a la señorita de la oficina, pero ella no pudo recordarlo.
«Sin duda -pensó el botones- habían salido para casarse; pero él, a última hora, cambió de idea.»
Mientras tanto, Frankie se dirigía a Staverley y sentía gran confusión de ideas. Le extrañaba que Bobby no hubiese regresado al hotel y se dijo que, para ello, sólo podía haber dos razones: quizás estaba sobre una pista que lo había llevado lejos, o bien le había ocurrido algo desagradable. Al pensar eso, el «Bentley» dio una curva peligrosísima, pero Frankie recobró a tiempo el dominio del coche.
Se reconvino por imaginar cosas. Sin duda alguna, a Bobby no le ocurría nada grave. Con toda seguridad estaba sobre la pista y nada más.
«Pero, ¿por qué -se preguntó luego- no le dejó unas líneas para tranquilizarla?»
Aun cuando era difícil de explicar, también era posible hacerlo. Quizá se vio en circunstancias adversas o no tuvo tiempo ni oportunidad. Bobby estaría persuadido de que ella, Frankie, ya se enteraría de su paradero. Seguramente todo marchaba bien.
Como en un sueño, se celebró la encuesta. Allí estaban Roger y Sylvia, y ésta aparecía muy guapa. Y Frankie se sorprendió cuando la admiraba, como si asistiese a una representación teatral.
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