Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.120
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Llamó a un procurador, hombre muy respetable, y éste redactó el testamento que firmó el señor Savage, entregándoselo luego para que lo guardase. Aquella misma noche, el señor Savage tomó una dosis considerable de cloral y dejó una carta para explicar que prefería una muerte rápida y sin dolor a otra larga y dolorosa como la que le aguardaba.
»En su testamento, el señor Savage legaba la suma de setecientas mil libras esterlinas, libres de todo gravamen, a la señora Templeton y el resto de su fortuna a determinadas asociaciones caritativas.
El señor Spragge se reclinó en su asiento, muy satisfecho de sí mismo.
-El jurado pronunció su veredicto habitual de «suicidio en un ataque de enajenación mental», pero yo creo que de eso no se puede deducir que no gozase de su razón cuando redactó el testamento. Creo que ningún jurado se atrevería a afirmar tal cosa. El testamento se redactó en presencia de un procurador, quien aseguró que el testador gozaba de todas sus facultades. Creo que tampoco se podría probar que en aquellos momentos se hallase bajo influencia indebida. El señor Savage no desheredó a ningún próximo pariente, porque los únicos que tenía eran unos primos lejanos, a quienes apenas veía. Además, creo que viven en Australia -hizo una pausa y añadió-: El señor Carstairs opinaba que este testamento no estaba de acuerdo con el carácter del señor Savage, Éste nunca manifestó la menor simpatía por la caridad organizada y en cambio siempre sostuvo que las herencias habían de transmitirse a los parientes. Pero el señor Carstairs no tenía ninguna prueba documental de esas afirmaciones y además, como yo le indiqué, los hombres a veces cambian de opinión. La impugnación de tal testamento hallaría la oposición de esos establecimientos caritativos y también la de la señora Templeton. Además, el testamento ha sido admitido para su legalización.
-¿Y no hubo ninguna oposición, en aquel tiempo? -preguntó Frankie.
-Según ya he dicho, los parientes del señor Savage no vivían en este país y se enteraron muy mal de este asunto. El señor Carstairs. en cambio, lo tomó a su cargo. Regresó de un viaje al interior de África y, por el camino, se enteró de los detalles. Y llegó a Inglaterra para ver si era posible hacer algo acerca del particular. Me vi obligado a contestarle que, según mi opinión, no se podía hacer nada. La posesión tiene una fuerza extraordinaria ante la ley, y la señora Templeton estaba en posesión de la herencia.
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