Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.118
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El día que me visitó Alan Carstairs dijo que pensaba dirigirse a un lugar llamado Chipping Somerton. Tal vez este dato le sirva para algo.
Me interesó muchísimo lo que tuvo la bondad de comunicarme acerca del asunto Maltravers.
Le saluda atentamente su afectísima,
EDITH RIVINTONG.
-Ya ve usted que el asunto podría haber sido muy grave -dijo severamente el procurador, aunque también con cierta benevolencia-. Ya comprendo que ocurría algo extraordinario, relacionado con el asunto Maltravers o con mi cliente, el señor Carstairs...
-¡Caramba! ¿Era cliente de usted el señor Carstairs? -interrumpió Frankie.
-Sí, me consultó, hace cosa de un mes, cuando vino a este país. ¿Conoce usted al señor Carstairs, lady Frances?
-Creo poder contestarle en sentido afirmativo -dijo la joven.
-Es una persona muy atractiva -dijo el señor Spragge-. Cuando viene parece traer consigo un ambiente de... amplios espacios.
-¿Vino a consultarle acerca del testamento del señor Savage? -preguntó Frankie.
-¡Ah! -dijo el señor Spragge-. Así, ¿fue usted quien le aconsejó que viniera a verme? Él no pudo recordar quién era. Y siento mucho no haber podido hacer más en su obsequio.
-¿Y qué le aconsejó usted? -le preguntó Frankie-. ¿Puede usted decírmelo, sin faltar por eso al secreto profesional?
-No hay inconveniente -dijo el señor Spragge, sonriendo-. Opiné que no se podía hacer nada, a no ser que los parientes del señor Savage estuviesen dispuestos a gastar mucho dinero para lograr la invalidez del testamento. Y creo que no se hallan en situación de hacer eso. Yo nunca aconsejo llevar un asunto al tribunal mientras se pueda zanjar amistosamente. La ley, lady Frances, es un animal muy inseguro y a veces se retuerce de un modo inesperado. Siempre me he atenido al principio de arreglar los asuntos lejos del tribunal.
-Pues éste es un asunto muy curioso -dijo Frankie, pensativa.
Tenía la sensación de que andaba descalza por un suelo cubierto de tachuelas. Y en cuanto pisara una, se descubriría todo el engaño.
-Tales casos son más frecuentes de lo que pudiera usted imaginar -contestó el señor Spragge.
-¿Casos de suicidio? -preguntó Frankie.
-No, me refería a aquellos en que se advierte una influencia indebida. El señor Savage era un comerciante testarudo, pero, sin embargo, blando como la cera en manos de una mujer. Y no tengo ninguna duda de que ella conocía muy bien su conveniencia.
-Me gustaría mucho que me contara usted toda la historia -dijo Frankie-.
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