Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.116
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-La veo a usted con mucho placer, lady Frances -dijo-. Siéntese. ¿Le parece bastante cómodo este sillón? Sí, el tiempo es muy agradable, ¿verdad? El veranillo de San Martín. ¿Y cómo está lord Marchington? Espero que no tendrá novedad.
Frankie contestó adecuadamente a estas preguntas y luego el señor Spragge se puso los lentes, para convertirse en el consejero legal de sus clientes.
-Ahora, lady Frances -añadió-, le ruego me diga el motivo que me proporciona el placer de verla a usted en mi oficina.
Y aun cuando no dijo una palabra acerca de eso, su actitud parecía preguntar si la joven iba allí por haber sido víctima de un chantaje o porque existían algunas cartas comprometedoras, o unas relaciones con un joven indeseable. Tal vez también el modisto se había puesto tonto.
-Quisiera consultar un testamento -dijo Frances-. Y no sé a dónde debo ir ni qué debo hacer. TengO entendido que hay una oficina donde pagando un chelín se logra esto.
-Somerset House -contestó el señor Spragge-. ¿De qué testamento se trata? Por ejemplo, si es de su familia, quizá yo pudiera decirle a usted lo que le interese, porque ya hace muchos años que mi firma tiene el honor de redactarlos todos.
-No es un testamento de mi familia -dijo Frankie.
-¿No? -exclamó el señor Spragge.
Y era tan intensa su facultad, casi hipnótica, de atraer la confianza de sus clientes, que Frankie, aun sin proponérselo, sucumbió y se lo dijo:
-Deseo conocer el testamento del señor John Savage.
-¿De veras? -preguntó, incrédulo, el señor Spragge, que no esperaba tal cosa-. Eso me parece sumamente extraordinario.
Expresaba tal sorpresa su voz que Frankie lo miró extrañada.
-En realidad -dijo el señor Spragge- no sé qué hacer. Quizá, lady Frances, podrá usted indicarme sus razones para conocer este testamento.
-No -contestó Frankie-, no puedo.
Se le ocurrió que el señor Spragge se conducía de un modo muy raro y notó que estaba preocupado.
-Pues creo -dijo el procurador- que debo avisarle pues existen ciertos inconvenientes.
-¿Avisarme? -preguntó Frankie.
-Sí. Las indicaciones son muy vagas, pero no hay duda de que ocurre algo. Y no quisiera verla a usted comprometida en algún asunto desagradable.
Frankie podía haberle contestado que ya se hallaba en tal situación, pero se limitó a dirigirle una mirada interrogadora.
-En este asunto hay una coincidencia extraordinaria -añadió el señor Spragge-. Ocurre algo, pero en la actualidad no puedo decir de qué se trata.
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