Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.113
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-¿Y tendrás cuidado contigo mismo, Bobby?
-Seré astuto como una serpiente.
De mala gana, Frankie se resignó. Lo que acababa de decir Bobby era muy razonable. Allí ya no tenía nada más que hacer.
Bobby la llevó a Londres, a la casa de Brook Street, y ella se quedó muy triste y sola.
Pero no era capaz de permanecer largo rato inactiva. A las tres de la tarde, una muchacha vestida con seriedad y con gran elegancia, aunque llevaba unos lentes, se dirigía a Saint Leonard´s Gardens, llevando en la mano cierta cantidad de prospectos y de papeles.
Saint Leonard´s Gardens, Paddington, era una triste colección de casas, en su mayor parte en muy mal estado. Aquel lugar tenía el aspecto de haber conocido tiempos mejores, ya pasados.
Frankie siguió andando mientras observaba los númeroS de las casas, y de pronto profirió una exclamación de disgusto al notar que la señalada con el número diecisiete tenía un cartel anunciando que se vendía, o se alquilaba sin muebles.
Inmediatamente se quitó los lentes y abandonó su envarado paso, porque ya no tenía nada que hacer allí.
Le dieron los nombres de varios agentes de fincas, y Frankie eligió a dos y los anotó. Después de decidir su plan de campaña, se dispuso a actuar.
Se dirigió a casa de los primeros, que eran los señores Cordon & Porter, de Praed Street.
-Buenos días -dijo al entrar-. ¿Podrían ustedes darme la dirección del señor Cayman? Recientemente estaba domiciliado en el número diecisiete de Saint Leonard´s Garden.
-Es verdad -dijo el joven a quien se dirigió Frankie-. Estuvo aquí poco tiempo. Nosotros representamos a los propietarios. El señor Cayman tomó la casa por tres meses, anunciando que en breve partiría para el extranjero, y creo que así habrá ocurrido.
-Así, pues, ¿no tiene usted sus señas?
-No, señorita. Terminó sus relaciones con nosotros y ahí acabó la cosa.
-Pero cuando tomó la casa debía de tener algunas señas.
-Un hotel. Creo que era el «G. W. R.», Paddington Station.
-¿Y referencias? -preguntó Frankie,
-Pagó el trimestre por adelantado y dejó un depósito para cubrir los gastos de electricidad y de gas.
-¡Oh! -exclamó Frankie, desalentada.
Se dio cuenta de que el joven la observaba con curiosidad y tal vez le parecía raro el interés de la joven por los Cayman.
-Me deben bastante dinero -mintió ella.
El joven se quedó, al parecer, escandalizado.
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