Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.112
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La esperaba ya la enfermera. Lo último que oyó fue la voz suave, y tal vez irónica, del doctor Nicholson:
-Le agradezco su amabilidad, lady Frances -decía.
CAPÍTULO XXIV
SOBRE LA PISTA DE LOS CAYMAN
Bobby tuvo que hacer un esfuerzo para conservar su aspecto de chófer al ver que Frankie aparecía sola. La joven le dijo, con objeto de que la oyese la enfermera:
-Volvamos a Staverley, Hawkins.
El automóvil echó a andar por la avenida y atravesó la verja. Y en cuanto se hallaron en plena carretera, sin testigos, Bobby preguntó a su compañera qué había sucedido.
-Mira, Bobby -le dijo Frankie, que estaba algo pálida-, no me gusta eso. Al parecer se ha marchado la señora Nicholson.
-¿Que se ha marchado? ¿Esta mañana?
-No, anoche.
-¿Sin dejar ningún mensaje para nosotros?
-Yo no lo creo, Bobby, Estoy segura de que ese hombre mentía.
-Demasiado tarde -replicó Bobby, desalentado-. Hemos sido unos tontos. Ayer no debiéramos haberla permitido que volviese.
-¿Acaso temes que haya muerto? -preguntó Frankie en voz baja y temblorosa.
-No -contestó él en tono enérgico, quizá para tranquilizarse.
Ambos guardaron silencio, y luego Bobby dijo más tranquilo:
-Creo que debe de estar viva aún. Y ten en cuenta que su muerte habría de tener todas las apariencias de que se produjo de un modo natural y accidental. Supongo que la habrán llevado a alguna parte contra su voluntad, o tal vez aún siga en la Granja.
-Bueno -dijo Frankie-, ¿y qué vamos a hacer?
-No creo -contestó Bobby, pensativo- que puedas hacer cosa alguna. Será mejor que regreses a Londres. Acuérdate de tu deseo de seguir la pista de los Cayman. Dedícate a eso.
-¡Oh, Bobby!
-Aquí no puedes hacer nada útil, querida mía. Ya eres demasiado conocida, y como has anunciado que ibas a marcharte, debes hacerlo. No puedes continuar en Merroway y menos alojarte en «Las Armas de Anglers». No sabes los chismes que suscitarías en la vecindad. Es preciso que te marches. Tal vez Nicholson recela algo, pero no puede estar seguro de que estás enterada de alguna cosa. Vuelve, pues, a la capital y yo me quedaré.
-¿En la posada?
-No; creo que ahora habrá de desaparecer tu chófer. Me instalaré a quince kilómetros de distancia, en Ambledever. Y si Moira continúa en esa maldita casa, lo pondré en claro.
Frankie se resistió un poco y luego preguntó:
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