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Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.106

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-Aquí está el doctor -dijo Sylvia-. Acaba de llegar. ¿Le ha sucedido algo a Henry?
Y al ver la inmóvil figura dé éste, profirió un grito.
Roger atravesó de nuevo la ventana y el doctor Nicholson le entregó a Sylvia para que la sostuviese.
-Llévesela -dijo- y cuide de ella. Déle un poco de coñac. No le permita ver más lo que ha ocurrido.
Y atravesando la ventana fue a reunirse con Frankie. Movió lentamente la cabeza.
-Es una tragedia -dije-, ¡Pobre hombre! No ha tenido valor para resistir. Es una lástima -se inclinó sobre el cadáver y luego se enderezó-. No hay nada que hacer -añadió-. La muerte debe de haber sido instantánea. Quizá ha escrito algo. Todos los suicidas toman esta precaución.
Frankie se adelantó y pudo ver, debajo del codo del muerto, un papel en el que había escritas algunas líneas. Su contenido era bastante significativo.

Creo que éste es el mejor medio. Este hábito fatal se ha apoderado ya de mí con demasiada violencia y no me siento con fuerzas para luchar. Hago esto creyendo que es lo mejor para Sylvia y para Tommy. ¡Dios os bendiga, queridos amigos! Perdonadme.

Frankie sintió un nudo en la garganta.
-Conviene no tocar nada -dijo el doctor Nicholson-. Como es natural, habrá una encuesta. Y ahora hemos de llamar a la Policía.
Obedeciendo a su indicación, Frankie se dirigió a la puerta, pero se detuvo allí, observando:
-No está la llave en la cerradura.
-¿No? Tal vez la lleve el muerto en el bolsillo.
Se arrodilló para investigar con delicadeza. De la chaqueta del muerto extrajo una llave, y al probarla resultó ser aquélla. Los dos salieron al vestíbulo y el doctor Nicholson se dirigió al teléfono.
Frankie sintió que le temblaban las rodillas y experimentó un leve mareo.

CAPÍTULO XXIII
DESAPARICIÓN DE MOIRA


Frankie, una hora después, telefoneó a Bobby.
-¿Hawkins? -preguntó-. ¡Hola, Bobby! ¿Te has enterado de lo ocurrido? ¿Sí? Pues hemos de vernos con urgencia. Me parece que mañana por la mañana sería mejor. Antes del desayuno saldré a dar un paseo. Por ejemplo, a las ocho. En el mismo lugar en que nos vimos ayer.
Y colgó el receptor, mientras Bobby pronunció por tercera vez y con el mayor respeto la frase: «Sí, milady», por si acaso escuchaba algún oído indiscreto.
Fue el primero en llegar al lugar de la cita, pero Frankie no se hizo esperar.


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