Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.105
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-Sí, mucho -contestó la joven.
-Y tenga usted en cuenta que una vez que Sylvia se ha decidido, se muestra muy obstinada.
-¿Y qué vamos a hacer?
Examinaron el fondo de la cuestión y estuvieron de acuerdo acerca de que sería un error el hecho de referir toda la historia de Sylvia. Lo mejor, a su juicio, sería desenmascarar al doctor.
-Pero, ¿qué va usted a decirle?
-No lo sé, pero le haré insinuaciones y estoy de acuerdo con usted de que Henry no debe ir a la Granja. A todo trance es preciso impedirlo.
-Pero conviene no divulgar lo que sabemos -le recordó Frankie.
-Ya lo sé; por eso convendrá apelar antes a todos los medios posibles. Es una circunstancia muy desagradable que Sylvia se muestre tan obstinada en esta situación.
-Eso demuestra el influjo que ese hombre es capaz de ejercer sobre los demás -observó Frankie.
-Sí, eso me inclina a creer que con pruebas o sin ellas tiene usted razón con respecto a él. ¿Que es eso?
Ambos se pusieron en pie de un salto.
-Parece un tiro -dijo Frankie-. Ha sonado en la casa.
Se miraron uno a otro y luego echaron a correr hacia el edificio. Penetraron en la puerta-ventana de la sala y luego pasaron al vestíbulo. Allí estaba Sylvia con el rostro blanco como el papel.
-¿Han oído ustedes? -preguntó-. Ha sido un tiro... en el estudio de Henry.
Se tambaleó, pero Roger la sostuvo, rodeándole la cintura con el brazo, en tanto que Frankie hacía girar el pomo de la puerta del estudio.
-Está cerrada.
-La ventana -aconsejó Roger.
Dejó a Sylvia casi desmayada sobre un diván y volvió a salir por la puerta-ventana de la sala. Lo seguía Frankie. Dieron la vuelta a la casa, hasta llegar a la ventana del estudio. Estaba cerrada, pero miraron a través de los vidrios. El sol estaba en el ocaso y la luz era muy débil; pero, sin embargo, pudieron ver lo suficiente.
Henry Bassington-ffrench estaba caído sobre su escritorio. Tenía un balazo muy visible en la sien derecha, y en el suelo vieron un revólver.
-Se ha suicidado-dijo Frankie-. ¡Es espantoso!
-Retroceda un poco -contestó Roger-. Voy a romper el vidrio.
Se envolvió la mano en la chaqueta y golpeó el vidrio de la ventana. Recogió luego cuidadosamente los fragmentos, y él y Frankie penetraron en la estancia. Mientras tanto, Sylvia y el doctor Nicholson acudían corriendo por la terraza.
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