Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.98
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¿Qué iba a ocurrir? En primer lugar, se celebraría la encuesta, y habría publicidad con respecto a todos los detalles del asunto. Es muy posible que apareciese en los periódicos el nombre de esa mujer desdichada. Entonces actué, obligado por el impulso del momento. Tal vez hice mal. Pero Moira Nicholson es una buena mujer, y quise librarla de todos esos peligros.
Frankie dio un suspiro.
-¿De modo que eso ocurrió tal como lo cuenta? Si supiera usted...
-¿Qué? -preguntó Roger, extrañado.
-No sé cuánto puedo decirle a usted ahora -contestó Frankie-. Más tarde quizá me decida. Es muy complicado. Comprendo bien las razones que lo obligaron a retirar el retrato, pero, ¿había algún inconveniente en que usted manifestara conocer a la víctima? ¿Por qué motivo no dijo a la Policía quién era en realidad?
-¿Que lo conocía? -preguntó Roger, asombrado-. ¿Cómo podía reconocerlo? ¡Si no lo conocía...!
-Pues una semana antes lo había visto usted aquí mismo.
-Mi querida amiga, ¿no desvaría usted?
-¿No tuvo ocasión de saludar y de conocer a Alan Castairs?
-Sí, fue el individuo a quien acompañaron los Rivington. Pero el muerto no era Alan Carstairs.
-Pues sí, lo era.
Se quedaron mirándose uno a otro, y al fin, Frankie, de nuevo recelosa, exclamó:
-Con toda seguridad pudo usted reconocerlo.
-No llegué á verle el rostro -dijo Roger.
-¿Cómo?
-Tal como se lo digo. Lo cubría un pañuelo.
Frankie se quedó mirándolo, y de pronto recordó que Bobby le había comunicado aquel detalle.
-¿Y no se le ocurrió a usted mirarle la cara? -inquirió Frankie.
-No. ¿Para qué?
-Pues yo -afirmó Frankie-, si encontrara en el bolsillo de un muerto el retrato de alguien a quien conociese lo primero que se me ocurriría sería contemplar el rostro de la víctima. Los hombres a veces sufren de una falta de curiosidad imperdonable.
Hizo una pausa y añadió:
-¡Pobrecilla! Estoy muy apenada por ella.
-¿A quién sé refiere usted? ¿A Moira Nicholson? ¿Por qué la compadece tanto?
-Porque está asustada -contestó Frankie.
--Siempre da la impresión de que tiene mucho miedo. Pero, ¿de qué?
-De su marido
-No me costaría nada recelar también de él -contestó Roger.
-Ella está segura de que quiere asesinarla -le dijo Frankie.
-¡Dios mío!
-Siéntese -dijo la joven-. Voy a contarle a usted muchas cosas. Quiero demostrarle que el doctor Nicholson es un peligroso criminal.
-¿Un criminal? -preguntó Roger, en tono de incredulidad.
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