Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.86
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-¿Es usted? -exclamó Bobby por fin.
Cerró la puerta a su espalda, y se aproximó a la mesa.
Ella continuaba silenciosa y sus ojos grandes y asustados estaban fijos en los de él.
Por último habló en voz baja y ronca:
-Usted me prometió... me prometió... ayudarme. Quizá no debiera haber venido.
Entonces Bobby empezó a hablar, pronunciando palabras que tendían a tranquilizarla.
-¿Que no debiera usted haber venido? ¡Tonterías! Ha hecho muy bien. ¡Claro está que si! Y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa... lo que sea necesario para ayudarla. No se asuste, porque ahora está completamente segura.
En el rostro de la joven apareció un leve tinte rosado, y de repente exclamó:
-¿Quién es usted? Bien veo... que no es un chófer. Quiero decir que tal vez lo sea, pero que en realidad no lo es.
Bobby comprendió lo que quería decirle a pesar de la confusión de sus ideas.
-A veces un hombre se ve obligado a ocuparse en cualquier trabajo -dijo-. En otro tiempo pertenecí a la Marina. En realidad no soy exactamente un chófer... Pero eso no tiene ahora ninguna importancia. Le aseguro que puede confiar en mí y... bien, dígame todo lo que pueda.
-Tal vez me tomará usted por una loca -dijo ella, que se había sonrojado-. Sí, sin duda me cree loca.
-De ningún modo.
-Sí... por haber venido aquí de este modo. Pero estaba tan asustada... ¡ Oh, de un modo terrible!
Murió su voz y sus ojos se desorbitaron, como si contemplara algo terrorífico.
Bobby le asió la mano con firmeza.
-Mire -dijo-, no tenga cuidado. Todo se arreglará. Ahora está usted segura, con... un ami... go. Nada le sucederá.
Sintió la presión de sus dedos, cuando contestaba a sus palabras.
-Cuando salió usted la otra noche, a la luz de la luna -dijo ella, con voz presurosa y baja-, yo... estaba sufriendo una pesadilla. Soñé como si me viese ya libre. Ignoraba quién era usted y de dónde venía. Pero me comunicó esperanza y decidí venir a su encuentro... para decirle...
-Cálmese -le respondió Bobby con acento alentador-. Cuéntemelo todo.
Ella retiró de pronto la mano.
-Si lo hago, va usted a creer que estoy loca, que me he contagiado de la locura de todos los demás que hay en la casa.
-Le aseguro que no lo creeré. No tendría motivo para ello.
-A pesar de todo me creerá demente, pues lo que voy a decirle parece cosa de locos.
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