Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.85
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Bobby se alejó.
La casa parecía muy silenciosa. Frankie consultó el reloj y vio que señalaba las ocho y media.
«Sin duda me esperan mucho más tarde -pensó-. ¿Dónde estarán?»
Abrió la puerta de la biblioteca y entró, pero se detuvo en seco.
El doctor Nicholson estaba sentado en el sofá y tenía cogidas las dos manos de Sylvia Bassington-ffrench.
Esta se puso en pie de un salto y, atravesando la estancia, se acercó a Frankie.
-Acaba de decírmelo -exclamó con voz forzada y mientras llevaba las dos manos a su rostro, como si quisiera ocultarlo a las miradas de todos-. Es demasiado terrible -sollozó.
Y pasando por el lado de Frankie, salió de la estancia.
El doctor Nicholson se había puesto en pie. Frankie dio uno o dos pasos hacia él, que la contemplaba con sus ojos escudriñadores.
-¡Pobre señora! -dijo en tono suave--. Ha sido una sorpresa espantosa para ella.
Se estremecieron los músculos de las comisuras de su boca y Frankie llegó a creer que le divertía aquella situación. Pero de pronto comprendió que su emoción era muy distinta.
Aquel hombre estaba colérico. Se contenía y ocultaba su ira bajo un aspecto suave y afable; pero, sin embargo, continuaba la emoción. Y no podía hacer otra cosa sino contenerla.
Hubo una pausa y luego el doctor dijo:
-Es mejor que la señora Bassington-ffrench conozca la verdad. Y deseo convencerla de que me confíe a su esposo.
-Temo -dijo Frankie- haberlos interrumpido a destiempo. He regresado antes de lo que me proponía.
CAPÍTULO XVIII
LA JOVEN DEL RETRATO
A su regreso a la posada, Bobby fue acogido con la noticia de que alguien lo esperaba para verlo.
-Es una señora. La encontrará usted en la salita del señor Askew.
Allá se dirigió Bobby, extrañado. A no ser que tuviera alas, no podía imaginar como Frankie pudo llegar antes que él a la posada, porque no se le ocurrió jamás la posibilidad de que lo esperase otra persona.
Abrió la puerta de la habitacioncilla que utilizaba el señor Askew como sala particular. Sentada y muy tiesa en un sillón, vio una esbelta figura vestida de negro... La joven del retrato.
Tan asombrado quedó Bobby, que durante unos segundos no pudo hablar. Luego se fijó en que aquella joven estaba muy nerviosa. Sus manecitas temblaban, y se abrían y se cerraban sobre los brazos del sillón, y parecía como si su misma excitación nerviosa le impidiese hablar, pero sus grandes ojos miraban con expresión suplicante y aterrada a la vez.
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